Publicación bimestral de la Coordinación de Extensión Universitaria

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La determinación social de la salud, un debate para abordar los problemas actuales del bienestar global

Fortalecer los servicios médicos es necesario, pero insuficiente para mejorar la salud de la población. Para reducir las desigualdades sanitarias es indispensable intervenir sobre las condiciones sociales, económicas, políticas y ambientales que determinan la calidad de vida de las personas. Bajo esta premisa, se desarrolló, en la sala 2 de la Coordinación de Educación Continua y su posterior clausura en la Sala de Consejo Académico de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco (UAM-X), el Seminario Determinación Social de la Salud, organizado por el Doctorado en Ciencias en Salud Colectiva y la Maestría en Medicina Social de esta casa de estudios.

Durante cuatro días, especialistas nacionales e internacionales analizaron los factores estructurales que influyen en la salud, y discutieron los retos que enfrenta la salud pública en un contexto de crecientes desigualdades, crisis ambiental y cambios geopolíticos. La conferencia de clausura estuvo a cargo del representante de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en México, José Moya Medina.

La coordinadora del Doctorado en Ciencias en Salud Colectiva de la UAM Xochimilco y exsecretaria de Salud de la Ciudad de México, Olivia López Arellano, abrió el debate del seminario al explicar que la determinación social de la salud parte de la forma en que la sociedad organiza la producción, el consumo y la distribución de la riqueza, procesos que condicionan los perfiles de salud, enfermedad y mortalidad de los distintos grupos sociales.

Durante su intervención señaló que las desigualdades en salud no son hechos aislados, sino resultado de relaciones históricas de poder y exclusión que se expresan en diferencias de clase, género y etnia. Estas condiciones influyen directamente en los modos de vida y en las oportunidades de acceso a recursos esenciales para mantener la salud.

Entre los principales determinantes sociales mencionó las políticas económicas de la estructura capitalista, el empleo, la pobreza, las decisiones gubernamentales, el cambio climático, el acceso al agua, el poder de las corporaciones, la publicidad comercial y diversas formas de discriminación que afectan de manera diferenciada a distintos sectores de la población.

La doctora López Arellano también advirtió que el enfoque tradicional de los determinantes sociales presenta limitaciones cuando reduce las desigualdades sanitarias únicamente a problemas de distribución, sin incorporar una explicación suficiente sobre las relaciones sociales que las producen. Añadió que fenómenos como la expansión de megaproyectos extractivos, turísticos y comerciales, el deterioro ambiental, los conflictos geopolíticos y los desplazamientos humanos incrementan las violencias y modifican los perfiles de enfermedad y mortalidad.

Los especialistas del seminario abordaron distintas dimensiones de la determinación social de la salud. Sergio López Moreno analizó los determinantes políticos; Pilar Silva presentó los factores económicos; Simón Barquera expuso sobre los determinantes comerciales; Cristina Larrea Killinger, de la Universidad de Barcelona, abordó los determinantes ambientales y Alberto Rivera explicó los impactos del sistema agroalimentario. La mesa de discusión fue moderada por Yamila Comes, de la OPS.

En la conferencia magistral de clausura, José Moya Medina señaló que la salud global enfrenta una profunda crisis marcada por tensiones geopolíticas, el debilitamiento del multilateralismo, las secuelas de la pandemia y el rápido avance tecnológico. Indicó que la pandemia de COVID-19 evidenció desigualdades en el acceso a vacunas y tecnología, mientras que la rivalidad entre potencias, la pérdida de influencia de los organismos internacionales y el creciente peso del sector privado complican la gobernanza sanitaria.

Advirtió un estancamiento en diversos indicadores de salud, como el resurgimiento de enfermedades prevenibles, el lento avance en la reducción de la mortalidad materna e infantil, el aumento de enfermedades crónicas y de problemas de salud mental. Asimismo, alertó sobre los riesgos de la revolución digital, especialmente la desinformación y los efectos de las redes sociales en la salud, por lo que consideró esencial fortalecer la alfabetización digital.

Como respuesta a estos desafíos, propuso consolidar el enfoque de “Una Sola Salud”, que integra la salud humana, animal y ambiental, mediante una mayor cooperación internacional, fortalecimiento de la investigación, producción regional de insumos médicos, innovación científica y políticas preventivas para construir sistemas de salud más resilientes, equitativos y sostenibles.