Modelos educativos reproductores de la exclusión heteronormativa y capacitista
Reportera. Verónica Ordóñez Hernández
En el contexto del programa de inclusión y discapacidad que realiza la Coordinación de Educación Continua de la Unidad Xochimilco, de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM-X); el doctor en Antropología Social, Víctor Manuel Ávila Ávila, académico de la ENES Morelia, de la Universidad Nacional Autónoma de México, impartió a través de la plataforma Zoom, la conferencia “Vivencias sobre la discapacidad en las infancias”.
El especialista en discapacidad por acompañamiento reconoció ser cercano al tema debido a que su hijo vive con discapacidad. Una situación que el académico enfrentó desde los modelos teológicos, médicos y sociales llevados a los temas de salud, educación e integración en espacios para el ocio.

Desde el trabajo que hace como coordinador del grupo de trabajo Foro Latinoamericano de Antropología del Derecho de Discapacidad y Otras Categorías sospechosas, reflexionó respecto a los derechos humanos de los infantes, aplicados sobre todo desde los cuidados. Aseguró que el trato dispensado a las infancias y los adolescentes no ha sido uniforme en todas las épocas ni en todas las culturas, entre otras razones porque tampoco ha sido uniforme la posición otorgada explícitamente o implícitamente a los infantes, y tampoco ha sido similar la duración de la niñez.
Explicó que la infancia, como categoría de clasificación social y posibilidad de subjetivación, construye su estatus a partir de programas de educación, asistencia y cuidado. Este último amalgama la naturalización de la limitación de las personas con discapacidad y delega la asistencia de forma inmediata en las mujeres, un rol de cuidadora que les obliga a perder su individualidad, al dejar de lado sus propias potencias vitales para convertirse en una extensión de la persona a su cuidado.
Sostuvo que los proyectos escolarizados, diseñados para formar sujetos productivos, educados con valores, capacidades y normativas sociales, son modelos excluyentes de quienes no se ajustan a los parámetros y estándares hetero normativos.
El doctor Ávila hizo una crítica a la definición de discapacidad de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, atravesada por el capacitismo, una visión capitalista sobre la persona, su cuerpo con sus categorías de hegemonía, patriarcado y heteronormatividad, que nombra un tipo de discriminación estructural y cultural sostenido en la idea de que sólo ciertos cuerpos y mentes son capaces, autónomos, productivos, sanos y normales, posicionando a las personas con discapacidad en una posición de inferioridad, de dependencia, de exclusión y anormalidad.
Refirió que para hacer frente a esta a acepción está el contracapacitismo; un posicionamiento crítico y activo que busca desmontar las jerarquías de capacidad y transformar las condiciones que las producen.
“El contracapacitismo cuestiona ese ideal de normalidad, defiende la diversidad, propone otras formas de entender las necesidades de apoyos para las personas con discapacidad en términos de participación, de escuchar sus voces y reconocer las formas en que aprenden; reconoce sus corporalidades y las formas más adecuadas para atender las necesidades de cada persona con discapacidad”, aseguró.
Otro postulado que desafía las normas que definen la infancia con discapacidad, es la teoría crip, que surge del activismo de la discapacidad y la teoría queer, y se asume como identidad y forma de resistencia a la opresión en la que viven las personas con discapacidad.
En este marco crítico, la discapacidad en la infancia no se entiende como un problema individual por corregir, sino como una posición que revela cómo opera la capacidad obligatoria y el desarrollo normativo, en donde la escuela, la familia y las instituciones médicas imponen ritmos habituales y formas de comportamiento consideradas adecuadas.
Desde esta perspectiva se revalora la interdependencia como condición constitutiva de las infancias y no como signo de atraso; se reconoce a las niñas y niños como sujetos de experiencia y de conocimiento y se abre la posibilidad de pensar en múltiples formas de ser infantes, más allá de los parámetros del desarrollo.





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