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Obligatorio cumplir con la seguridad social de las trabajadoras (es) del hogar

Reportera: Guadalupe Ochoa Aranda
Fotografías: José Ventura Flores Velasco

La doctora Mary Golsmith Connelly, profesora-investigadora del área académica Mujer, Identidad y Poder, de la maestría en Estudios de la Mujer, dictó una conferencia magistral sobre una de las ocupaciones más desprotegidas y mal remuneradas en México y América Latina: las trabajadoras (es) del hogar. “Aun cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación reconoció la seguridad social como un derecho constitucional para estas personas, es necesario diseñar políticas públicas para lograr su obligatoriedad”, comentó.

Dentro de las Segundas Jornadas Académicas sobre Derechos Humanos, Equidad de Género y Diversidad: “Convenio 169 y los derechos de los pueblos indígenas”, organizada por la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco (UAM-X), la Universidad Autónoma de Chapingo y la Universidad Autónoma del Estado de México, fue invitada la antropóloga Golsmith para cerrar el ciclo de conferencias con el tema: Trabajo del Hogar Remunerado.

Refirió que, de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en México el trabajo doméstico remunerado emplea activamente a unos 2,2 millones de personas, de las cuales 95 por ciento son mujeres migrantes; de éstas, 70 por ciento son indígenas, y aproximadamente el 70 por ciento de estas personas no tiene ninguna prestación formal y 35 por ciento gana menos de un salario mínimo.

A modo de metáfora, la académica dijo que la mesa está puesta, pero los comensales no llegan a comer, y a los que llegan, no les gusta la comida. Pues se trata, dijo, de discutir la canalización de recursos públicos, por ejemplo, para capacitar inspectores que realicen visitas a domicilios y observen si se cumplen, o no, los derechos laborales de las trabajadoras del hogar y, sobre todo, cuando éstas habitan la casa.

Indicó que en el pensamiento feminista hay diversas posturas, ente ellas están las liberales que abogan por la justicia social y se enmarcan en la noción de equidad de género. Está el feminismo que crítica las nociones universalistas ancladas a la sociedad europea y de occidente, versus las posturas decoloniales que apuestan a la reivindicación humana de estas trabajadoras y evitar que sean nombradas de manera peyorativa y humilladas por sus empleadores (as).  

La doctora Golsmith reconoció que fue hasta el 2018 cuando en México hubo avances significativos en el marco normativo para las y los trabajadores del hogar a fin de dar cumplimiento al Convenio 189 promulgado en Ginebra, Suiza, en 2011 de la OIT. Fue en 2022 cuando la Suprema Corte de la Justicia de la Nación reconoció la seguridad social como un derecho constitucional de las personas trabajadoras del hogar.

Al referirse a Marcelina Bautista, una mujer indígena oaxaqueña, quien llegó a la Ciudad de México a los 14 años sin hablar español y sufrió en carne propia la discriminación y la explotación, señaló que ella alzó la voz y luchó por reivindicar el trabajo doméstico con la fundación del Sindicato Nacional de Trabajadores y Trabajadoras del Hogar en 2015.

“En noticias de la ONU, Marcelina explicó en una conversación en Ginebra sobre cómo muchas mujeres indígenas viven el choque cultural que les imponen sus empleadores”. Fue entonces que ella empezó a organizar a sus compañeras del gremio para dar a conocer sus derechos laborales y fundar con ellas y ellos un sindicato que vigile el pago de un salario justo, la jornada de ocho horas, periodos de descanso obligatorio y el acceso a la seguridad social.

Finalmente dijo que, si bien son de celebrarse los avances en esta materia, aún falta mucho por hacer, pues se estima que del 2.2 millones de trabajadoras del hogar en México, hasta marzo de 2022, sólo se habían afiliado al Instituto Mexicano del Seguro Social alrededor de 43,823 trabajadoras, lo cual significa que 9 de cada 10, aún se encuentran sin afiliación.

“Lograr la afiliación obligatoria de las trabajadoras del hogar, no es caridad, es un acto de justicia social, se espera que las brisas del cambio no se conviertan en vientos que se llevan las promesas y los sueños de este sector”, concluyó.

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