Cauce

Publicación bimestral de la Coordinación de Extensión Universitaria

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El bordado, expresión de sentires y saberes

Reportera: Verónica Ordóñez Hernández

Integrantes de la comunidad indígena otomí de Santiago Mexquititlán, del municipio de Amealco, en el estado de Querétaro, quienes residen en Ciudad de México, llegaron a la UAM Xochimilco entonando proclamas y consignas por los derechos a la educación, la salud, la vivienda, el trabajo y el respeto a la autonomía.

La comunidad fue invitada por Laura Ariana Aparicio Ruiz y Diana Tonatzin Nava Ortiz, alumnas de la maestría en Psicología Social de Grupos e Instituciones (MPSGI), de la División de Ciencias Sociales y Humanidades de esta Unidad, para participar en la conferencia-exposición “Mujeres hilando palabras, bordando rebeldías”, que reunió diversas investigaciones del posgrado en las que el bordado opera como el dispositivo de intervención, expresión y acción política, a través del cual mujeres y hombres de la comunidad otomí enuncian su derecho a la ciudad, y denuncian las injusticias sociales y el maltrato del cual son víctimas.

En una manta colectiva de bordados, las alumnas otorgaron voz a Sofía Nahuiquetzalli, Sonia Gadez, Ariadna Zantiago, Adelina Nájera, Cristina Gawrys, Ángela Ossandón, Valeria Molina y Camila Ruiz, a través de los bordados realizados a partir de sus investigaciones. Una de ellas es la de Laura Aparicio, titulada “Mujeres bordando sentires en el país de los feminicidios, enunciación y significación de la violencia feminicida”: ahí analiza la violencia y su preservación como método de aleccionamiento de las mujeres y los efectos y afectos que se generan en ellas, como interceptoras del mensaje violento.
La investigación, en términos generales, constó de dos convocatorias: “Atravesar la violencia con nuestras agujas, mujeres bordando y reflexionando”, a partir de la cual se generó un catálogo virtual que se mantiene actualizado, y “Aguja e hilo en sintonía con la palabra”: bordados que surgieron de la reflexión en torno al feminicidio.
Diana Tonatzin Nava Ortiz evidenció las problemáticas sociales configuradas como demandas sociales de distintos colectivos que cuestionan su relación con el mundo, el entorno, el gobierno y otras instancias. Las denuncias plasmadas en bordados son el resultado del taller “Mujeres otomíes habitan- do la ciudad, andares y producción de sentidos”, coordinado por Nava Ortiz, cuyo trabajo etnográfico le permitió poner a disposición de las comunidades indígenas sus conocimientos desde la psicología y, asimismo, aprender las formas de organización y acción colectiva para reclamar sus derechos a la vivienda, a la educación y al trabajo.
La doctora Verónica Gil Montes —profesora investigadora de la maestría— habló de la labor que desde el año 2018 realiza con el colectivo Fuentes Rojas, como parte de su investigación

“Bordados memorias y significados”. El grupo se formó en 2011 en el contexto de las protestas por los crímenes de guerra del expresidente de México, Felipe Calderón (2006-2012), y del que surgió la iniciativa “Bordado por la paz y la memoria, una víctima, un pañuelo”, expuestos en la toma de posesión del expresidente Enrique Peña Nieto (2012-1018).


Todos los domingos, la académica se reúne con el colectivo en un espacio público de la Ciudad de México, en el que el bordado se convierte en una acción comunitaria, amorosa, de escucha y denuncia que permite resignificar la experiencia cotidiana. La actividad posibilita dar cuenta del significado individual y grupal de cada creación, ya que los colores y formas dicen mucho de la comunidad y la persona que la elabora, por tratarse de una tradición en la que se deja la experiencia. Por ello, es importante observar quién realiza y crea el trabajo artesanal, sobre todo ahora “que se han vuelto una moda”, dijo la profesora de la licenciatura en Psicología Social del Departamento de Política y Cultura.
En su conferencia, la maestra en Estudios de la Mujer, Liliana Elvira Moctezuma, señaló la importancia de enunciar el bordado como expresión artística. Hasta hace poco se consideró una actividad doméstica más, por ser realizada únicamente por las mujeres, muchas veces en solitario, en el interior del hogar. Pero estas percepciones son desmentidas con nuevos conocimientos aportados desde muchos frentes, entre ellos, el análisis que realiza la academia.

La también estudiante del doctorado en la Universidad Autónoma Benito Juárez, Oaxaca, se refirió a “la posibilidad de concebir el bordado como arte, surge a partir de las contribuciones globales que desde la década de 1970 y desde la mirada feminista han enunciado la necesidad de cambiar la manera de acercamos al arte, y considerar otras formas tradicional- mente no incluidas.”


Bonifacia Margarito Juan, integrante de la comunidad, relató la historia de lucha de los más de treinta integrantes de la comunidad otomí de Santiago Mexquititlán, quienes viven en el inmueble que ocupó el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, tomado el 12 de octubre del año 2020 y nombrado como Casa de los Pueblos y Comunidades Indígenas “Samir Flores Soberanes”, una de las pocas luchas gana- das por el grupo indígena. “Hace más de treinta años, cuando los padres y abuelos de quienes hoy son adultos llegaron a la Ciudad de México buscando mejores oportunidades y condiciones de vida, ante la falta de escuelas, hospitales, alumbrado público, mercados, drenaje y trabajo en su comunidad.”

Denunció que los anhelos de una mejor vida no se han concretado; los gobiernos ignoran sus demandas y la comunidad es maltratada por las fuerzas policiales. Todos los días viven el desprecio y discriminación de la sociedad: “nos han negado el derecho a la ciudad, con el argumento de que para ser tomados en cuenta, necesitamos un registro de los pueblos originarios y las comunidades indígenas residentes en la Ciudad de México, violentando su autonomía y libre determinación”.
Liliana Elvira narró la historia de la muñeca Lele, creada por ellos para sostener, también económicamente, su lucha; decidieron darle una personalidad nueva, “Ar Lele” Rebelde, de colores rojo y negro como símbolo de rebeldía y resistencia. En su elaboración participan hombres y mujeres que se organizan en comisiones, ya sea que borden, rellenen, tracen o unan pies, manos o piernas.

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