Publicación bimestral de la Coordinación de Extensión Universitaria

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“Voces con Historia”, un homenaje a las trayectorias laborales en la UAM-X

El cuarto tomo de Voces con Historia: La construcción del legado consolida un ejercicio de memoria colectiva que reconoce la trayectoria del personal docente y administrativo de la División de Ciencias Biológicas y de la Salud, de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco (UAM-X), que se jubiló durante 2025.

El proyecto editorial, que inició en 2019 bajo la gestión de la maestra María Elena Contreras Garfias y el doctor Luis Amado Ayala Pérez, preserva los testimonios de quienes han impulsado la División de Ciencias Biológicas y de la Salud.

La publicación fue compilada por Ana Lucía Bravo Armenta e integra 11 perspectivas distintas del paso por la universidad. Relatos colectivos que salvaguardan el legado institucional y reflejan el compromiso de la comunidad con el desarrollo de la educación superior.

La publicación denota la importancia de la memoria institucional como un patrimonio vivo que fortalece la identidad, valorando el esfuerzo cotidiano, al preservar el legado para las futuras generaciones.

En este volumen, se hace un homenaje póstumo a la doctora María Alberta García Jiménez, reconocimiento que busca celebrar y agradecer la dedicación que en vida tuvo la doctora hacia la institución. 

Fue el doctor Luis Fernando Rivero Rodríguez, jefe del Departamento de Atención a la Salud, quien pronunció las palabras que recuerdan la trayectoria académica y calidad humana de la doctora García Jiménez, quien partió el 21 de diciembre de 2024.

La doctora María Alberta García Jiménez fue profesora investigadora en esta universidad desde 1978, se formó como enfermera desde el nivel técnico y perteneció a la primera generación de la licenciatura en Enfermería. Fueron más de cuatro décadas en las que hizo carrera en esta Casa abierta al tiempo, siempre con la convicción de que la enfermería mexicana merecía crecer.

            La doctora García Jiménez entendió que enseñar es una forma de mirar al mundo. Sus alumnos, sus tesistas y colaboradoras, no sólo aprendieron de ella técnicas y conocimientos, cultivaron una manera de estar frente al otro, de liderar sin imponerse y cuidar antes de administrar. Ese es quizás el legado más difícil de medir y, por lo mismo, el más valioso.

El profesor alentó a que este homenaje sea la promesa de seguir construyendo sobre los cimientos que ella misma dejó. “Porque los legados se construyen con decisiones diarias, con la constancia de quienes eligen hacer bien las cosas, aunque nadie los esté mirando”, finalizó.

En las páginas del libro, la maestra Minerva González dejó constancia de sus vivencias en 40 años de servicio en una universidad en la que, dijo, tuvo que aprender otro lenguaje y otra manera de dar clases.

“El Sistema Modular fue un choque cultural, todo era diferente, pues venía de dar clases en otras universidades. Ahora que me jubilo veo que estudiar y trabajar en la Unidad Xochimilco resultó una experiencia gratificante, un sistema que facilita el desarrollo interdisciplinario e interinstitucional mediante la vinculación académica”, expresó.

            “La jubilación se planteó como un compromiso de ceder el espacio a nuevas generaciones tras concluir una etapa de aportación activa, enfocando la satisfacción profesional en la formación de alumnos que regresan años después agradecidos por el conocimiento que recibieron, esa es mi mayor gratitud hacia la institución que me permitió transformarme, desarrollarme profesionalmente”, señaló.

Myrna Hernández Ramírez, a nombre de los trabajadores administrativos, recordó que fue en 1983 cuando llegó a la Unidad Xochimilco, una universidad joven, pero que ya gozaba de prestigio nacional; el lugar en el que aprendió que una universidad pública es un proyecto colectivo construido entre académicos, alumnos y personal administrativo.

La señora Myrna señaló la importancia del trabajo que realiza el personal administrativo. “Sostienen en silencio el engranaje que permite la normalidad de la docencia y la investigación, siendo el primer contacto que recibe y orienta las dudas o angustias de la comunidad, mediante un trato humano que también educa”. Agradeció a la División la sensibilidad de recoger sus historias. “Ello demuestra que no fue invisible la labor de quienes hicieron de la universidad su proyecto de vida, una lista de personas a la que se suma su propia historia”, dijo. 

En su mensaje enfatizó que la riqueza más grande que se lleva de la universidad no son los años de servicio registrados en un expediente, sino los rostros y nombres grabados en la memoria tras haber entregado sus mejores años a la institución.