Cauce

Publicación bimestral de la Coordinación de Extensión Universitaria

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Sthepani Ramos Chacón
Licenciatura en Sociología
División de Ciencias Sociales y Humanidades

Nubes

Imágenes: Archivo Canva

Llegan las nubes
cautivas,
asidas al aire de su cielo,
dormidas
avanzan lentamente,
menos esa
que inmóvil se dibuja
y no emprende la huida,
en el aire de su cielo
detenida.

Vienen del horizonte
una tras otra,
desprendidas,
sólidas en su blancura,
con la cresta brillante
y la base
cargada de agua oscura.

Veo pasar las nubes,
desfilando
con su paso marcial,
enarbolando
las manos
como en una despedida.
Pero no todas se van,
hay las que solas
se quedan detenidas.


Apoyadas en su luz,
inmaculadas,
son como parvas de harina.
Como aves
se hunden en el agua
con movimientos suaves.

Algunas más pequeñas
se quedan solas.
Cogidas de la mano,
como amigas
hacen olas.

En el firmamento viajan
hasta que llega el viento
y las desgaja.

Al pasar
tapan el sol,
como si fueran un dedo.
Recorren los trigales
con su sombra.
Monótono desfile,
ejército que flota
bajo el candente Sol
que el fuego fragua
y que al final
apagan con su agua

Tu boca

Tu boca es el borde
de tu cuerpo
la rivera, la playa,
el río de tu rostro.

Cuando abres tus labios,
los siento
como un puerto de llegada,
una ventana que me permite
asomarme a ti.

Tu boca es el punto de contacto,
tu lengua el puente
entre el aire y tu aliento,
tu puerta de entrada.

Pero tu boca es también
bocina de tu palabra,
sede visible de lo invisible
que es tu voz.

Sitio donde nace tu gemido,
escenario donde estalla tu risa,
lugar donde impera el silencio
que agita tu respiración.

Tu música reside en tu boca,
foro de un teatro.

espacio que hace vocal
tu cuerpo.

En el pequeño fragmento
de tu cuerpo,
que es tu rostro,
reside otro fragmento,
que es tu boca.

Boca delineada por tus labios,
objeto de deseo.
Roja cuando la coloreas,
de vivo bermellón
cuando así lo deseas
y se ofrece.

Sitio donde florece
mi insaciable sed,
órgano de mi avidez.
Sitio donde dejas entrar
al ambicioso gnomo,
mensajero de placeres.

Tu boca dibuja un círculo profundo
anegado de agua.
Es el cenote sagrado
donde se hunde la ofrenda
y se ahoga el elegido.

Tu boca es el sitio de encuentro,
el instante impredecible
e imprevisto,
donde no cabe el odio
y entran infinitos
bésame tan solo.

No sé lo que me pasa

Pienso en el cuchillo,
el pequeño de mango azul,
útil para untar la mantequilla.
“Allí estará”, me digo,
guardado en el cajón
con los demás cubiertos,
los platos, la vajilla.

Pienso en la camisa blanca,
esperando en la pila
de la ropa planchada,
perfectamente abotonada,
fresca y almidonada.

Pienso en el balcón ahora cerrado,
las macetas que descansan sobre el muro,
más atrás el rosal
y encima maduras y amarillas,
las frutas del peral.

Pienso en los libros que dejé ordenados,
la impresora dormida,
los álbumes de fotos, los cuadernos,
la madera de pino formando un largo estante,
la ventana junto al sillón que me regaló Melisa,
allí esperando, vigilante.

Tuvimos que salir casi corriendo.
No hubo tiempo de pensar dos veces.
Uno vive rodeado de sus cosas,
pensando que se acaban,
sin imaginar siquiera que pueda ser uno
el que las deje, el que se vaya.
Se quedan ahí calladas,
en el mismo lugar en donde estaban.

Hileras de macetas,
las plantas con sus flores, germinadas,
traídas de algún sitio, florecidas.
Allí estarán, dormidas,
esperando el agua que es su vida.

Pienso en el pasillo bajo la galería,
los cuarterones de barro y la vidriera,
y atrás la puerta de madera
que lleva a la escalera.

Puedo escuchar la bomba ronroneando
empujando el torrente,
el agua cayendo a la cisterna.
La tarja enfrente
los ventanales, la herrería,
los vitrales, hechos con maestría.

Pienso en todas estas cosas,
y las escribo
sin saber qué me pasa;
será, pienso, que ellas,
juntas o separadas,
son parte de mi casa.

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