Cauce

Publicación bimestral de la Coordinación de Extensión Universitaria

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Análisis físico territorial para el control y tratamiento de los asentamientos humanos irregulares en suelo de conservación

Un acercamiento metodológico

Ideas que importan

Mtra. María de Jesús Gómez Cruz
Profesora Titular C, Departamento de Teoría y Análisis
División de Ciencias y para el Diseño, Unidad Xochimilco
mjgcruz@correo.xoc.uam.mx

Mtra. Ana Ruth Quiroz Ibarra
Profesora asociada, Departamento de Teoría y Análisis,
División de Ciencias y Artes para el Diseño, Unidad Xochimilco
aquiroz@correo.xoc.uam.mx


Imagen 1. Superficie de suelo de conservación. Fuente: Atlas Geográfico de Suelo de Conservación del Distrito Federal

Introducción

La hoy denominada Ciudad de México (CDMX) alberga 8, 918,653 habitantes (INEGI, 2015), donde residen los vestigios de aquello que fue una de las civilizaciones más importantes en la época precolombina: la Gran Tenochtitlan. Actualmente predomina un gran entramado urbano, redes de infraestructura y transporte, que permiten condiciones para el desarrollo de las actividades dentro de la ciudad. Sin embargo, aún conserva elementos emblemáticos de la época prehispánica: el paisaje lacustre de Xochimilco y Tláhuac, espacio que a pesar de todo mantiene las formas ancestrales de cultivo y todos los elementos naturales y sustentables que constituían al Valle de México hasta antes de la llegada de los españoles.

La zona sur de la CDMX, con características ambientales, históricas y culturales excepcionales, ha desempeñado un papel fundamental en la relación y evolución de la ciudad y sociedad que hoy en día tenemos.

Desde la segunda mitad del siglo XX, se observó un acelerado ritmo de crecimiento en la dinámica demográfica, lo que se expresa en una expansión centralizada de la mancha urbana entre la década de los sesentas y ochentas. Esta expansión deriva de una serie de factores con un peso importante en la variable ambiental, esto por la evidente extracción masiva de agua para la población en crecimiento, la invasión y cambio en los suelos de conservación –ecológicos y de cultivo–, suelos que por sus condiciones naturales son importantes para el mantenimiento de los ciclos biogeoquímicos de la región.   

El crecimiento de la cdmx ha establecido un criterio de continuidad física en la expansión territorial, con la conformación de la Zona Metropolitana del Valle de México,[1] incorporando municipios de Estado de México, Hidalgo, Puebla y Tlaxcala. Mucho de este territorio en continua expansión se localiza en zonas irregulares, de riesgo y de valor ambiental, como lo es el suelo de conservación.

El área procesos y estructuras territoriales, perteneciente al Departamento de Teoría y Análisis de la División de Ciencias y Artes para el Diseño (CYAD), tiene entre sus líneas de investigación el análisis de los procesos socioambientales, así como el estudio de las formas territoriales. Las autoras de este texto, queremos hacer mención del trabajo de investigación que se ha desarrollado en nuestra área de investigación desde hace algunos años por el profesor José Luis Martínez Durán †, defensor y promotor del estudio y control de los asentamientos humanos irregulares en suelo de conservación. Por lo anterior, hoy queremos señalar sus aportes invaluables, no sólo en el desarrollo de este artículo, también en las cuestiones metodológicas, la promoción de foros y debates interinstitucionales sobre el tema y en la formación de muchos investigadores con la perspectiva en los ámbitos ambientales y de conservación.

El suelo de conservación

La CDMX se divide en dos grandes zonas administrativamente hablando, por un lado, el suelo de conservación y por otro, el suelo urbano. En julio de 1987 se publicó una nueva versión del Programa General de Desarrollo Urbano del Distrito Federal (PGDUDF), en donde se redefinió la clasificación primaria del territorio en dos zonas: La primera como Área de Desarrollo Urbano (ADU) con una superficie de 63,382 hectáreas, y la segunda como Área de Conservación Ecológica (ACE) con 85,554 hectáreas (PAOT, 2010).  En esta nueva revisión y actualización del PGDUDF, quedan establecidos dentro del suelo de conservación 36 poblados rurales originarios y diversos asentamientos humanos que fueron regularizados como Zona Especial de Desarrollo Controlado (Zedec).[2]

El suelo de conservación (SC) se delimita por las zonas que por sus características ecológicas proveen servicios ambientales, necesarios para el mantenimiento de la calidad de vida de los habitantes de la Ciudad de México, de conformidad con lo establecido en la Ley Ambiental del Distrito Federal (DF). El SCDF ocupa una extensión aproximada de 87, 297.1 ha, y se localiza principalmente al sur y surponiente del DF. La distribución por delegación es la siguiente: Cuajimalpa de Morelos (7.5%), Álvaro Obregón (3.1%), La Magdalena Contreras (5.9%), Tlalpan (29.4%), Xochimilco (11.9%), Tláhuac (7.2%), Milpa Alta (32.2%), Gustavo A. Madero (1.4%) e Iztapalapa (1.4%) (GDF, 2012) (Ver imagen 1).

Es decir que casi el 50% de la superficie del territorio de la CDMX es SC, en el que coexisten diversos ecosistemas (bosques, pastizales de alta montaña, pedregales, humedales y zonas agrícolas) con diversos grados de preservación.  La importancia de este territorio radica en los servicios ambientales que en él se producen y son indispensables para el mantenimiento de la calidad de vida de quienes habitan en la Metrópoli: producción de agua, regulación del clima, retención de suelo, captura de carbono, biodiversidad, producción agropecuaria, belleza escénica, recreativa y cultural, entre otros. En resumen, el SC puede existir sin la CDMX, pero la ciudad no puede existir sin el SC (sedema, 2016).

El sc, como objeto de transformación para este reporte de investigación, constituye un elemento fundamental para discutir sobre el papel ambiental y las múltiples consecuencias de la ocupación de asentamiento informales e irregulares, orientando así la contribución de propuestas de mantenimiento, recuperación y conservación del suelo.   

Como componente ambiental, el SC suministra servicios ambientales esenciales para el sostenimiento de los sistemas socioecológicos; una de las funciones más conocidas es la del soporte y suministro de nutrientes a las plantas. De ahí que la degradación del suelo esté considerada como el mayor problema ambiental que amenaza la producción mundial de alimentos (PNUMA 2000, citado en Cotler, et al., 2017) (Ver Imagen 2)

Imagen 2. Suelo de conservación. Archivo propio

Los asentamientos humanos irregulares
en suelo de conservación

La fragmentación urbana en SC de la CDMX, originada por la ocupación irregular, es un problema que en las últimas tres décadas se ha incrementado. Ha alterado el proceso urbano y mantenido una alerta en zonas agrícolas y forestales del alto valor ambiental.

El crecimiento en SC se ha direccionado en mayor medida hacia el sureste de la CDMX, las alcaldías Xochimilco, Milpa Alta y Tláhuac, son las grandes receptoras de esta expansión, por lo que generan una zona de transición de lo rural a lo urbano en forma acelerada y amenazante; sin embargo, partes de esos espacios rurales han resistido el embate de la ciudad: han podido preservar algunas funciones, su dinámica económica, sus formas de vida y de vivir los espacios en un entorno transformado (Ávila, 2005).

La carencia de suelo urbano para vivienda, el propio crecimiento natural de los pueblos rurales originarios (ubicados en el SC), oleadas de migración interna de la CDMX y de entidades de la república, así como la especulación del suelo, han provocado la proliferación de los llamados asentamientos humanos irregulares (AHI). La situación se agrava por la insuficiencia de recursos y mecanismos institucionales para establecer políticas integrales de vivienda, así como el impuso de programas para incentivar y retribuir la protección del suelo. La disyuntiva que ha generado la necesidad de vivienda para familias de “bajos recursos”, las cuales ocupan suelo, invaden o pueden comprar a bajo precio, y la preservación y rescate de nuestro medio ambiente, es una problemática social, económica, política y urbana.

Empíricamente se ha evidenciado que la presencia de los AHI, se da principalmente como continuo de los poblados rurales, algunos de los criterios de delimitación física han sido las vialidades y los canales, que ocupan áreas de aptitud agrícolas, forestal y de recarga acuífera indispensables para el balance ecológico de la CDMX. La delimitación física de los predios se realiza paulatinamente, estableciendo zonas susceptibles de crecimiento en distintas etapas, algunos de estos asentamientos presentan una traza de plato roto, puesto que se ubican en zonas con accidentes topográficos y de alta pendiente; los servicios básicos se satisfacen de manera intermitente y utilizan, en el caso de agua potable, tuberías improvisadas a pie de carretera, tal como puede verse en las siguientes imágenes (Ver imágenes 3 y 4).

El proyecto que vigila la evolución de los AHI, es el inventario de asentamientos humanos irregulares,[3] que es elaborado por la Secretaría del Medio Ambiente del Distrito Federal (Sedema) en colaboración con las alcaldías, la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi) y la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial del Distrito Federal (PAOT). El inventario de AHI determina el número de asentamientos y viviendas, la superficie ocupada y la antigüedad promedio, así como datos relativos del crecimiento para las nueve alcaldías que presentan SC, de forma consensuada (Ver Imagen 5).

Imagen 5. Tabla Asentamientos. Fuente. Inventario de Asentamientos Humanos Irregulares de 2010, publicado en el Atlas Geográfico del Suelo de Conservación del entonces D.F., (PAOT-SMA,2010)

Los datos para la integración del inventario fueron recorridos en campo, así como la digitalización y georreferenciación de polígonos, usando técnicas como la fotointerpretación de imágenes satelitales. Sin embargo, para el caso de las alcaldías Milpa Alta, Tláhuac, Xochimilco y Tlalpan, el instrumento queda rebasado por la cantidad de asentamientos, la superficie ocupada de SC y la insuficiente aplicación efectiva de la legislación correspondiente para el control y tratamiento de estos asentamientos.

Este proyecto interinstitucional no ha presentado actualización para años posteriores a 2010, por lo cual debe suponerse que los datos aumentaron considerablemente en superficie y número, si se tienen en cuenta las altas tasas de crecimiento que presentan los asentamientos. La situación se vislumbra negativa para la protección del SC, pese a que durante el periodo 2005-2017 se presentaron estudios y dictámenes ante la Comisiones de Regulación Especial (CRE), y hasta enero de 2019 ningún dictamen ha terminado el proceso de regulación de uso de suelo, especialmente por la falta de medidas compensatorias por la pérdida de servicios ambientales, especialmente para alcaldías como Xochimilco y Tláhuac, de acuerdo con datos presentados ante la Comisión Permanente del Congreso de la Ciudad de México.

Por ello, es imprescindible contar con una herramienta metodológica integral que en términos de estudios e investigaciones aporte insumos para el análisis físico-territorial para el control de asentamientos humanos irregulares en sc que apuntale la toma de decisiones, desde el enfoque de la planeación territorial.

Acercamiento metodológico para el análisis
físico-territorial de los AHI en suelo de conservación

El objetivo de esta metodología es hacer uso de algunos instrumentos de análisis que permitan el diagnóstico en el proceso de poblamiento y el comportamiento de los AHI, en SC y sobre todo elaborar propuestas para el tratamiento de estos asentamientos.

Los acercamientos metodológicos que aborden el SC deben incorporar elementos que vayan más allá de la determinación de impactos ambientales, porque claramente es necesario llegar a determinaciones sobre su tratamiento y acciones.

La metodología parte del análisis microregional que apoya a determinar aspectos sobre la gestión territorial; aspectos socioeconómicos, físicos y ambientales; de vulnerabilidad, riesgo y de crecimiento urbano, que permitan establecer un diagnóstico en cada uno de los AHI, objeto de estudio. Las problemáticas que se ocasionan con la presencia y proliferación de AHI se dimensiona en los campos ya mencionados y justifican su presencia en este aporte metodológico (Ver imagen 6).

Imagen 6. Matriz de ponderación

El aporte metodológico parte de la obtención de información cuantitativa y cualitativa, así como el reporte inicial del perfil sociodemográfico de los poblados que rodean al asentamiento, la dinámica económica y otros datos provenientes de censos, conteos, estudios y registros administrativos.

La matriz de ponderación de configuración urbana es la zona central de la contribución metodológica, ya que determina el nivel de consolidación o dispersión de los asentamientos humanos, a partir de la presencia o inexistencia de aspectos tales como grados de conectividad, conurbación, así como la conformación del territorio y límites físicos, con respecto a la cercanía con poblados rurales, o zonas urbanas consolidadas.

De manera esquemática se presentan algunos componentes que se incluyen en la matriz de ponderación (Ver imagen 7).

Imagen 7. Matriz de ponderación

El resultado de la matriz de ponderación determina parámetros porcentuales que establecen la medida de consolidación Grado de consolidación alto = mayor a 50, Grado de consolidación medio = de 20 a 50% Grado de consolidación bajo = menor a 20%.

Claro está, que dentro de la matriz de ponderación se pueden incluir o eliminar variables, de acuerdo a la condición de cada asentamiento a tratar.

En el ámbito de propuestas de tratamiento de los AHI se plantean tres niveles de acción. La primera de ellas es la consolidación que, de acuerdo con su alto grado de consolidación, cuenta con las condiciones para la asignación de uso de suelo habitacional. También son considerados en esta política de tratamiento, los asentamientos que por su antigüedad y características de viviendas aisladas se pueden reconocer dentro de los Programas de Desarrollo Urbano específicos o integrarlos al límite de los poblados rurales.

La segunda política es la reubicación. Normalmente se determina en asentamientos que presentan un riesgo considerable (hidrometereológicos, topográficos, sanitario-ecológico), un grado de consolidación bajo, cuentan con viviendas aisladas y adicionalmente se localizan con suelo con potencial productivo y posible de rescatar; esta medida tendrá que ser evaluada y dictaminada conjuntamente con las instancias con injerencia en el tema.

La recuperación de suelo se instrumentará como una medida extrema para el control del crecimiento de ahi, que debido a su bajo grado de consolidación y como una medida preventiva de posibles crecimientos, se tendrá que evaluar su recuperación.

La propuesta del manejo integral permitirá ordenar el territorio, recuperar suelo de conservación y mitigar los impactos en la zona. El tratamiento dependerá de las características propias de los asentamientos como: grado de consolidación, servicios con los que cuentan y carecen, el tipo y grado de impacto que ocasionan a la zona y las tendencias de crecimiento, al igual que las características físico–naturales y productivas de cada región (PAOT, 2010).

Paralelamente a la definición de políticas de tratamiento, se deberán determinar las medidas de mitigación que deben ser consistentes con el SC y los impactos generados por la presencia de los asentamientos. Leopold, L. B., es uno de los autores que ha aportado metodológicamente en este campo, con su propuesta de marco conceptual del método de evaluación de impacto ambiental. El SC tiene un peso fundamental en la relación sociedad-naturaleza, por lo cual dentro de las medidas debe procurarse la actualización periódica del estado que guarda tanto a nivel ambiental como de la cuantificación de los asentamientos localizados en éste, lo que implica la generación de cartografía, análisis con fotografía aérea, censos, actualización de información y promoverla tanto en el ámbito, académico como en el institucional.

Conclusiones

Concluimos con la idea de que el crecimiento desmedido es la gran consecuencia de la falta de planeación, organización y coordinación de las instancias gubernamentales encargadas de los procesos de crecimiento en las ciudades, lo cual refleja problemáticas urbanas y territoriales que se generan por la falta de suelo y vivienda para una población en crecimiento.

Las autoridades ambientales no cuentan con el suficiente peso en la administración como para exigir la observancia de criterios ecológicos en la planeación urbana donde aún prevalece el criterio economicista, utilitario y antropocéntrico (Cotler et al, 2007).

Es necesario proponer esquemas y aportes que ayuden a replantear una política de contención urbana y/o repoblamiento en zonas centrales, que mitigue y compense los efectos en el SC.

El SC, en el caso de la CDMX, está íntimamente relacionado con el desarrollo de los AHI, por lo cual es necesario que las políticas de tratamiento, las medidas de control y el proceso de ordenamiento territorial se realicen en forma paralela, complementadas por acciones institucionales y gubernamentales.

El uso de metodologías integrales permite contar con herramientas que sean flexibles y se alimenten con contribuciones de distintos casos, y que apoyen la determinación de estrategias y propuestas encaminadas a detener o disminuir una problemática en específico, en este caso el crecimiento de AHI en asociación con la ocupación y deterioro del SC.

Es de nuestro interés continuar con la difusión y el debate en torno a los procesos de interacción rural-urbana que han despertado gran interés entre los estudiosos de las disciplinas que investigan los procesos del espacio rural, el medio ambiente y los instrumentos de planeación rural-urbano.

Imagen Canvas

[1] La ZMVM se localiza en la región denominada Cuenca de México, gran sistema ecológico-regional de 9,560 kilómetros cuadrados de extensión. Es considerada hoy la segunda metrópoli más poblada del mundo y la más grande de América Latina con más de 17 millones de habitantes.

[2] Es en la actualización de 1996, que se modifican los términos de ADU por Selo Urbano y el ACE por suelo de conservación, así como la sustitución del término Zedec por el de Programa Parcial de Desarrollo Urbano.

[3] Se tiene como antecedente el año 2005, cuando comenzaron las mesas de trabajo para el reconocimiento de ahí. Entre distintas dependencias del gobierno de la CDMX y las alcaldías informaron los avances a las comisiones de regulación especial.

Referencias Bibliográficas

Ávila Sánchez, H. (coord). (2005). Lo urbano-rural, ¿nuevas expresiones territoriales? México: Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias, unam.

Cotler, H.; E. Sotelo; J. Domínguez [et al.]. (abril-junio 2007). La conservación de suelos: un asunto de interés público. Gaceta Ecológica (83)5-71

Gobierno del Distrito Federal. (2012). Atlas geográfico del suelo de conservación del Distrito Federal. México: Secretaría del Medio Ambiente, Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial del Distrito Federal.

Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2015). Encuesta intercensal 2015. México: inegi.

Leopold, L. B.; F. E. Clarke; B. B. Hanshaw, and J. E. Balsley. (1971). A procedure for evaluating environmental impact Geological Survey Circular 645. Washington, D.C.

Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial. (2010). Estudio sobre el Ordenamiento, Control y Tratamiento Integral de Asentamientos Humanos Irregulares, ubicados en Suelo de Conservación del Distrito Federal. México: semarnat.

Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial. (2010). Actualización Estadístico Espacial como fuente de un Ordenamiento Territorial en la Región de la Zona Sur de la Ciudad de México, en las Delegaciones Cuajimalpa de Morelos, Álvaro Obregón, Milpa Alta, Tlalpan y Xochimilco. México: semarnat.

Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente. (2000). Annual Review. Kenia

Secretaría del Medio Ambiente. (2016). Suelo de conservación. México. Recuperado de https://www.sedema.cdmx.gob.mx/storage/app/media/Libro_Suelo_de_Conservacion.pdf

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