Cauce

Publicación bimestral de la Coordinación de Extensión Universitaria

Cauce en línea

La carta que jamás leerás, Álter Ego

Letras en línea

Héctor Raciel Vázquez Luciano
Estudiante de la Unidad Cuajimalpa

Querido Álter:

Tenía miedo de todo lo que podía pasar después de que te fuiste y no me culpo, pero, me he puesto a pensar todo lo que pasamos. Recuerdo que solías decir “Que nunca sería nada sin ti”, lo peor era que cada que
lo decías, lo creía. Era un disparo en los pulmones que no me dejaba respirar y yo únicamente te respondía “Solo quédate conmigo”. Te rogaba, te suplicaba de rodillas, lloraba para que nunca te fueras, y así era, regresábamos a la normalidad. Todo eran risas y cariños hasta que volvíamos a caer en lo mismo.

¡Solo jugabas conmigo! Y debes odiarme, porque cada que estábamos juntos decías que era una enfermedad. Supongo que tenías suficiente de mí. Yo simplemente pensaba en irme, en saltar de ese precipicio.

Te escribo esto para decirte que no acabarás conmigo, sólo me harás más fuerte de lo que ya era. Te apuesto mi vida a que antes de conocerte estaba mucho mejor, y si me caigo no me derrumbaré, me volveré a levantar y seguiré luchando. Voy a seguir siendo un buen tipo y cuando todo eso pase gritaré “¡Este soy el verdadero yo!” Porque al fin seré más fuerte de lo que era.

Una hermosa cara es todo lo que reflejas, porque en el fondo eres horrible y sin sentimientos, pero eres todo lo que quería; sin embargo, solo quería que cambiaras, lloraba para que lo hicieras, pero el día que te fuiste te llevaste todo lo que tenía y no dejaste nada, nada para mí. Así que, por favor, te pido no me despiertes de este sueño, porque en él seguimos estando juntos, pero sé que si despierto voy a descubrir que este sueño ya está muerto.

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Te fuiste, casi muero, lo que causaste fue casi un homicidio. Estaba tan traumatizado que me sentía como en un largo viaje en autobús. Ahora prefiero morir que tenerte a mi lado. No acabaría si cuento las veces que lloré, que vomité por ti, y cada que lo hacía iba a mi cuarto, encendía mis discman y me escondía de todo.

Éramos Bonnie & Clyde, pero no, por dentro eras el Dr. Jekyll y el Sr. Hyde, sentí como si todo lo que habíamos construido fuese una mentira. Éramos sólo nosotros.

¿Por qué pensé que sería correr o morir? Porque si hubieses podido matarme lo habrías hecho. Es como si hubieras puesto un cuchillo en mi pecho y lo hubieras enterrado hasta partir mi corazón en dos.

Debí haber dado más pelea, pero ya no pude, nadie podría herirme como tú lo hiciste y aun así me proponía a recuperarte, pero, ¿cuáles eran las probabilidades?

Muérdeme y tira todo lo que hicimos, porque esta mañana me puse de pie, levanté mi cara y mostré un signo de vida desde la vez que me dejaste con los sueños destrozados y también la vida que pudimos llegar a
tener y lo que pudimos llegar a ser.

Pero estoy rompiendo esta pared llamada “depresión”, me estoy poniendo de pie de una vez por todas. No volverás a derrotar mi energía, no otra vez, lo tomaré en la barbilla como un campeón, así que, no me compares con los demás, ya terminé de ser tu saco de boxeo.

Hoy es 22 de abril, hubiese sido nuestra unión, nuestro aniversario… un año, pero te fuiste el 28 de mayo, lo marqué en mi calendario. Te quise llamar, pero no podía pensar en las palabras para decir, y qué gracioso es todo esto: vinieron ahora plasmándolas en esta carta.

Te agradezco porque me hiciste una mejor persona de lo que ya era. Pero te odio: me usaste. Te di todo y tú no me diste nada. Y si me culpas estás mal, después de todo ya está dicho y hecho. Todavía sigo enojado, puede ser que ya nunca confíe en alguien.

Ahora, me iré a beber agua bendita para limpiar mis pecados, creo que ahora me siento mejor porque me doy cuenta que siempre he sido yo. En todo este tiempo supe que no me tengo que detener y aunque los recuerdos puedan doler, sé que poco a poco sanaré, permaneceré siendo fiel al “Verdadero Yo”, enterrando de por vida mi “Álter Ego”.

Gracias, pero ya no quiero que estés aquí.

¡Hasta nunca!

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