Publicación bimestral de la Coordinación de Extensión Universitaria

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Jornadas universitarias “Por la memoria histórica latinoamericana”

Cobertura UAM Xochimilco

Reportera: Guadalupe Ochoa Aranda

Fotografías: José Ventura Flores

Con la exposición fotográfica y la presentación del libro Las huellas de la conciencia, del mexicano-salvadoreño Augusto Vázquez, y la proyección-debate del documental No nos moverán, de la directora Breni Cuenca Saravia, iniciaron las Jornadas Universitarias Por la memoria histórica latinoamericana: el turno de El Salvador. Iniciativa de la profesora-investigadora Nina Torres, del departamento de Política y Cultura de la División de Ciencias Sociales y Humanidades (DCSH) contó con el apoyo de las secciones de Actividades Culturales

y Galería del Sur, de la Coordinación de Extensión Universitaria.
Al inaugurar estas jornadas, la doctora Teresa Farfán Cabrera, coordinadora del Tronco Divisional (TD) de la DCSH, indicó que al revisar la memoria fotográfica y filmográfica de estos conflictos políticos sociales, se pueden abordar desde otras miradas de la historia, a fin de que las nuevas generaciones conozcan estos hechos que trastocaron de manera violenta a países de América Latina.

Las huellas de la Conciencia

En la sala Yvonne Domenge de la Galería del Sur de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, se exhibió el ensayo fotográfico Las huellas de la conciencia,  del artista mexicano-salvadoreño Augusto Vázquez, sobre la guerra salvadoreña (1980-1992). Crónica visual memoriosa de un mexicano que se suma a las causas del pueblo de El Salvador, y se incorpora a la guerrilla con su arma fotográfica.

Después de 40 años fuera de México, el fotógrafo guerrillero explicó al estudiantado y a los asistentes que su obra registra visualmente a los combatientes de las fuerzas especiales de la guerrilla salvadoreña del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), una de las cinco organizaciones político militares más disciplinadas que constituyeron el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

Señaló que la imagen denominada La piedad captada por él en 1982, ilustra la portada de su libro fotográfico. Esta fotografía, dijo, “fue tomada cuando se llevaba a cabo una operación del FMLN para detener un proceso electoral, y en la retirada se desató una confrontación intensa. En esa escena, Colocho fue alcanzado por una bala, y al sacarlo de la línea de fuego lo recibió su compañero y prácticamente falleció después de que disparé la cámara a diez metros de donde estaba colocado”.

Esa imagen dio la vuelta al mundo y, tras los Acuerdos de Paz firmados en 1992, se llevó a cabo una gran exhibición fotográfica en la Sala Nación de Exposiciones de El Salvador, alusivas al conflicto armado salvadoreño. La foto que más llamó la atención del público fue La piedad, una analogía a la escultura de Miguel Ángel. “Cuando visité la exposición vi que esa fotografía era mía, ya que los rollos se revelaban en el Centro de Información ubicado en Nicaragua y se enviaban a los comités de solidaridad en todo el mundo”.

Augusto recordó que un buen día después de dar clases de diseño industrial en la Universidad de Guadalajara y tras conocer al arquitecto y pintor Mario Martí, decidió hacer aquello que era su pasión: la fotografía. Fue entonces que cargó con su fisil óptico –cámara Olympus de 35 milímetros y sus lentes– para recorrer tierras salvadoreñas y unirse al movimiento.

No nos moverán

En la sala Vicente Guerrero se proyectó el documental No nos moverán, de Breni Cuenca Saravia, quien narró las vicisitudes por las que atravesó para realizar este filme en la mesa de debate sobre este material. Relató que su padre, al ser asilado político, viajó a muchos países, pero el vínculo afectivo hacia Chile fue extremadamente, fuerte dado que ahí cursó sus estudios de ingeniería química. A su vez, ella ingresó a la Escuela de Estudios Cinematográficos (CUEC) de la Universidad Nacional Autónoma de México y se involucró para hacer un documental sobre Chile.  

Cuenca es doctora en Estudios latinoamericanos, y tenía 21 años cuando propuso realizar la producción del documental sobre el triunfo de Salvador Allende (1970) en Chile y sus compañeros (as) con quienes hizo equipo aceptaron. Breni se acercó a Pepe de Roca, quien era el agregado cultural de la Embajada de Chile en México y con esta visita la doctora Cuenca comprobó que existen “encuentros extraordinarios que pueden cambiar el sentido de la vida”.

El pintor le ofreció un apoyo sustantivo para este filme en 16 milímetros y la envió a ese país, junto con el equipo, con el General Pratt de las fuerzas armadas en Chile, un hombre agradable quien le proporcionó una camioneta. El CUEC también les brindó apoyo importante y, en medio de una gran acogida por sus compañeros (as) universitarios (as) chilenos (as), Breni estaba lista para esta aventura.

En el camino, la directora y el fotógrafo tuvieron una pelea irreconciliable. Breni se quedó sola con las 15 latas de película que el CUEC les proporcionó, pero con el apoyo de camarógrafos chilenos y argentinos se echó andar la producción. “Cuando llegué a México, un comité conformado con Enrique Casanova, Jorge Ayala Blanco y otros profesores de CUEC aprobaron las siguientes fases de posproducción que asumiría la institución. Fue una producción hecha sin dinero y con un apoyo solidario que nunca olvidaré”.

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