Cauce

Publicación bimestral de la Coordinación de Extensión Universitaria

Cauce en línea

De aguas de la memoria a aguas del olvido

Letras en línea

Erick Rodrigo Guevara Rojas
Estudiante de la Licenciatura en Agronomía
División de Ciencias Biológicas y de la Salud

Hace unos años la revista Nature público un artículo en el que revelaba que habia rastros de maíz modificado genéticamente en Oaxaca, pero Oaxaca es un pueblo que no ha permitido la experimentación con maíz transgénico, mucho menos una liberación. Esta misma publicación confirmaba la aparición de dos tipos de maíz transgénico: el maíz Bacillus thuringiensis, el cual produce una proteína para ahuyentar a las larvas, y el maíz Roundup-Ready, que le permite ser resistente al glifosato (herbicida). Se consideró tal evento una introgresión (movimiento de genes de una especie a otra a consecuencia de un proceso de hibridación interespecífica seguido de retrocruzamiento), pero esto no representa la afectación que esto tuvo en la vida del maíz. Este pequeño relato desde la perspectiva de un maíz nativo, pretende ilustrarla un poco más, tomando como punto de partida los Cantares Mexicanos

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A las pocas semanas de nacer me encontré con mi sombra por primera vez, tienen mucha razón los tlamatinime:[1] encontrar tu sombra en medio de la selva es complicado, algunos huyen de ella para refugiarse debajo de la de otros, algunos se obsesionan con proveer de sombra pero quitan luz en su camino y yo me alimento todos los días de encontrar la mía por las mañanas. Cuando no hay luz no dejo que la obscuridad se enaltezca dentro de mí, porque soy hijo de la tierra y del cielo estrellado, según me cuenta mi abuelo, gracias al canto de los tlamatinime aprendimos que le propósito de haber nacido es ofrendar lo que somos ya que solo un alma vacía cree que las flores brotan por que sí.

Embellecer es la tarea que cumplo al ofrendarme; embellecerme es la tarea que cumplen al cantarme, tambien cuando me riegan con las aguas de la memoria que nacen de la guerra y el corazón; raíz del tlamatinime. En el tiempo que me presta el jade tambien me acarician las plumas del quetzal y me acomoda el jaguar. La primavera me llena de brisa y las montañas responden a mis preguntas, estos tratos de los que me rodeo me colman de amabilidad y me quitan la tristeza. Me da gusto vivir, aunque no lo comparten todos mis amigos, últimamente me han llamado afortunado. ¿Pero fortuna de qué? Lo poco que entiendo es que nada importante ha cambiado. Dicen los que saben, los que conocen el maíz de lejos, que es tan sencillo el cambio como acostarse en una cama que tiene diez colchones y solo un grano de maíz debajo, es imposible sentirlo. Pero no entiendo que fue lo que hicimos, la fragancia que dispersábamos para el tlamatinime ahí estaba, seguíamos embriagándonos en conjunto con esta brisa que traían las montañas, tanto nosotros como ellos, así alimentábamos nuestro corazón.

Pronto iremos a nuestra verdadera casa, en donde se vive y nunca se perece, todos en la selva se cuiden de la sombra o vivan de ella, sabemos que después del jade vamos al lugar de los descarnados, pero hace poco, cuenta el tlamatinime que no todos los de la selva pudieron abrir la puerta de la verdadera casa: hubo una brisa que acabo con todo, menos unos, los nuevos, ¡pobres!, ya que los que no perecen únicamente empolvan sus recuerdos. Hemos llamado nuevos a algunos desde que nos avisaron que algo había sucedido al florecer, si tan sólo nosotros pudiéramos saberlo, únicamente sabemos que no perecen igual que los demás, aunque hemos notado que el tiempo que les brinda el jade no lo ocupan completamente para embellecer, entendemos que tienen algo nuevo originario del maíz de lejos.

Intentaré contarte un poco sobre el maíz de lejos, aunque no lo conozco ni pretendo juzgarlo, únicamente entiendo que no dedica el tiempo otorgado por el jade igual que nosotros. De esto me doy cuenta porque ya vive aquí, pero no para embellecerse y ofrendarse, ya no es su tarea. Florece porque sí, pero no tiene el alma vacía, sino llena de lágrimas y angustias. No se vuelven casas del canto. Me di cuenta cuando ahuyento a los sobadores de nuestras hojas, los gusanos pronto dejaron de subirlo para encontrar su propia sombra, ojalá aún pudieran proveerles de nuevo esa alegría, pero no, pronto ya dejó de maravillarse con el amor; sin embargo, creo logro entenderlo. De donde viene, de lejos, allá no riegan con aguas de la memoria, riegan con aguas del olvido.

Pretendo entender su tormento. Recuerdo que aquí nada es para siempre, que el jade se quiebra, las plumas del quetzal se rasgan, eso nos enseñó Nezahualcóyotl.  Aquí sólo un poco, pero vive un duelo mayor en la tierra. Entiendo su cansancio, su fastidio: dejar de embellecer no es fácil. Dejó de embriagarse con las brisas de las montañas y éstas dejaron de contestar sus preguntas. Su fragancia ya no eran buscada por el tlamatinime y él ya no entendía su canto.

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Me siento cada vez menos amable por saber que ya no puede entonar el canto de la flor. Ya no envejece de la mano de la tierra. Espero que pronto el canto lo vuelva a elevar, pues no le vamos a dejar de cantar hasta que él regrese al camino de la verdad.

Referencias:

Quist, D., Chapela, I. Transgenic DNA introgressed into traditional maize landraces in Oaxaca, México. Nature 414, 541–543 (2001). https://doi.org/10.1038/35107068

León-Portilla, Miguel. (2011). Cantares mexicanos / ed. Miguel León-Portilla, México: UNAM, Coordinación de Humanidades-Instituto de Investigaciones Bibliográficas- Instituto de Investigaciones Filológicas-Instituto de Investigaciones Históricas.

—————– (2017). La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes / ed. Miguel León-Portilla; México: UNAM– (Serie Cultura Náhuatl: Monografías / 10)


[1] Según el historiador Miguel León-Portilla, los tlamatinime representan, en el mundo náhuatl, lo que nosotros entendemos como filósofos o pensadores. Concluye diciendo que son sabios.

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