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Publicación bimestral de la Coordinación de Extensión Universitaria

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La nueva normalidad y el curso de la catástrofe climática y la crisis civilizatoria una vez superada la pandemia de COVID-19

César Mirafuentes de la Rosa[1]

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La crisis sanitaria ocasionada por el virus denominado SARS_COV-2[2] ha provocado la suspensión de miles de actividades productivas a nivel mundial y, en consecuencia, una desaceleración temporal de la economía. Esta situación se debe al periodo de confinamiento que se ha implementado en todo el mundo para contener la pandemia de COVID-19 causada por dicho virus.

Durante el periodo de confinamiento, diversos medios de comunicación han dado a conocer cómo algunas especies han irrumpido en sus antiguos hábitats —de los cuales fueron desplazadas por el ser humano a partir del desarrollo de las sociedades industriales— en distintas regiones del mundo. También se ha documentado un aparente saneamiento de algunos ecosistemas e, incluso, una reducción en la emisión de gases de efecto invernadero. Por ejemplo, el caso de las playas de Acapulco, Guerrero, en donde el mar recuperó su tonalidad turquesa y se ha presentado el fenómeno de bioluminiscencia, producto de la descontaminación dada la nula presencia del turismo.

Bajo este contexto, se podría pensar que el medio ambiente ha entrado en un periodo de recuperación frente a la catástrofe climática y la crisis civilizatoria que acontecen desde hace varias décadas sobre la Tierra. Si bien es cierto que los sistemas ecológicos han entrado en una recuperación parcial, esta idea no significa que se revertirá por completo el daño de 300 años de civilización industrial, ya que ello supondría aceptar la falsa premisa de que el sistema planetario es infinito y capaz de regenerarse por sí mismo en su totalidad. Este sistema, también denominado biofísico, es finito y limitado, y si bien posee la capacidad para recuperarse, el periodo para hacerlo es prolongado y sólo se logra de forma parcial bajo ciertas condiciones.

Para Inger Andersen (2020), directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la crisis sanitaria no representa nada bueno para el medio ambiente, ya que sólo ha creado la ilusión de un efecto positivo sobre él, temporal y efímero, pues hasta el momento no ha provocado una transformación sustancial que asegure la transición hacia una economía sostenible, capaz de impulsar el crecimiento verde y un cambio en los estilos de vida. Por lo tanto, la creación de una nueva relación que beneficie tanto al medio ambiente como a los seres humanos debe considerarse sólo como una expectativa que puede o no ocurrir una vez superada la crisis sanitaria.

De tal suerte que, hoy en día, es imprescindible llevar a cabo una reflexión en los niveles individual y colectivo sobre el dilema de la nueva normalidad que se presentará en cuanto se tenga bajo control la pandemia de COVID-19. Esta normalidad debe involucrar a la sociedad civil, a los grupos minoritarios, a los gobiernos y a la comunidad científica; y su dilema se plantea como la oportunidad para elegir entre dos opciones: a) continuar bajo la dinámica de la economía capitalista, o b) transitar hacia una nueva dinámica económica opuesta al capitalismo.

Optar por la primera opción significaría un retroceso, pues se trata de la misma fórmula que ha estado presente en el mundo entero durante varias décadas, controlando la vida de millones de personas para dirigirlas hacia la autodestrucción y, vale la pena recordarlo, es la causa principal de la catástrofe climática y la crisis civilizatoria; por lo tanto, es una opción que debe ser desechada si se quiere evitar el camino hacia la devastación total del planeta. Por otra parte, la segunda opción representa la posibilidad de construir una dinámica económica en donde la naturaleza y el ser humano formen un lazo simbiótico, a partir del cual se recuperen los vínculos primarios con el medio ambiente, los cuales fueron aniquilados por las instituciones que implantó la economía capitalista, pero que aún siguen vivos en las comunidades indígenas y en los pueblos que preservan una cosmovisión centrada en la naturaleza.

Establecer un nuevo mecanismo económico implica, como primer paso, reconocer que, en palabras de Jorge Riechmann (2020: 21-22), “somos organismos ecodependientes e interdependientes dentro de la biósfera donde todo está conectado con todo, a fin de que la relación de dominio y control sobre la naturaleza sea desplazada por la autocontención de las acciones que dañan al medio ambiente” (Riechmann, 2012). Una economía opuesta al capitalismo debe transformar radicalmente las actividades productivas basadas en la mercantilización de la naturaleza, así como el estilo de vida arraigado en el consumismo.

Ahora bien, para dejar claro por qué la nueva normalidad debe incorporarse en el contexto de una dinámica económica no capitalista, es necesario comprender las causas y el curso de la catástrofe ambiental y la crisis civilizatoria. Cabe mencionar que, al hacer referencia a la catástrofe climática, también se alude a una serie de fenómenos ecológicos y climáticos que amenazan la existencia de todos los organismos vivos dentro del sistema planetario, los cuales son producto de la convergencia de múltiples variables provenientes del ámbito económico, político y social. Respecto a la crisis civilizatoria, Armando Bartra (2013) señala que incluye la migración, la degradación de la democracia, la crisis alimentaria, energética, ambiental, financiera y el resto de las crisis que actualmente se padecen en distintas latitudes del mundo; se trata de una crisis multidimensional.

A partir de una perspectiva de análisis económico, las causas de la catástrofe ambiental y la crisis civilizatoria se pueden rastrear en la génesis y desarrollo de la economía capitalista. De acuerdo con Immanuel Wallerstein (1998), la dinámica económica del capitalismo tiene su origen en el proceso de acumulación de capital, pues es el cimiento sobre el cual se sostiene la lógica mercantil de las relaciones humanas.

En este sentido, y tomando en cuenta el enfoque del individualismo metodológico, la economía capitalista considera la racionalidad perfecta en los individuos, cuyo fin es la maximización de la acumulación de capital. Y la única manera de que se logre una mayor acumulación de recursos en el capitalismo, es mediante procesos productivos altamente mercantilizados, de tal suerte que en esta economía todas las cosas, incluyendo los bienes naturales, se mercantilizan (Wallerstein, 1998).

Por último, dado que para la economía capitalista la producción y el crecimiento de la riqueza son las únicas vías para el progreso de la humanidad, el medio ambiente es concebido como una mercancía más dentro de los procesos productivos, y su cuidado y preservación no son relevantes; pero si lo son, se debe al papel que juega el medio ambiente para satisfacer la producción y el consumo.

Es posible afirmar que en el origen y la dinámica de la economía capitalista se encuentran perpetradas las crisis planteadas, pues desde sus inicios el sistema planetario se se mercantilizó y, con los procesos de acumulación de capital, se llevó a su degradación constante y permanente, junto con la del ser humano, debido a la instauración de la explotación y el consumismo, que con el tiempo desembocaron en fenómenos como la desigualdad, la injusticia social, la migración, entre otros. Grosso modo, es el régimen de prorégimen de producción capitalista, el que inherentemente produjo la problemática climática y civilizatoria, y su agudización será mayor si después de la pandemia de covid-19 no cambia de manera radical la dinámica económica.

Un último aspecto por tratar entre la economía capitalista, la catástrofe climática y la crisis civilizatoria, como relación causa y efecto, es el hecho de que una economía que se basa en la producción y el crecimiento de la riqueza conlleva a una sociedad del riesgo. Este aspecto fue abordado por Ulrich Beck (2006), para quien la producción de riqueza implica, necesariamente, riesgos sociales. Al respecto, los procesos productivos orienta- dos a crear y aumentar la riqueza no sólo determinan la distribución de ésta, en ellos también se encuentra el origen de problemas y conflictos que definen la forma en que se distribuyen los riesgos producidos, los cuales son de distinta índole según sea el proceso productivo.

El virus SARS-COV-2 es el mejor ejemplo de que existe una inherente generación de riesgos en la producción de la riqueza. Si el comercio de animales exóticos para su consumo no fuera tan rentable, probablemente la pandemia de COVID-19 se hubiera evitado. Aunado a lo anterior, los biólogos Matías Mastrangelo y María Guillermina Ruiz (2020) mencionan que hay cinco factores en la actualidad que han propiciado las pandemias: a) el tráfico de fauna silvestre a escala global; b) la destrucción de los ecosistemas naturales; c) la extinción de especies silvestres; d) el cambio climático global, y e) la urbanización y la globalización. De acuerdo con los autores citados, dichos factores son causa de la intensificación en la producción y el consumo, lo cual se asocia directamente con la dinámica económica capitalista.

Si la nueva normalidad debería conducirse hacia una nueva dinámica económica opuesta al capitalismo como una alternativa real, ¿qué posibilidades existen de que se lleve a cabo? Para dar respuesta a este cuestionamiento basta con examinar el manejo de la crisis sanitaria que llevan a cabo los gobiernos de distintos países. Según el sociólogo Jeremy Rifkin (2020), la mayor parte de los países están recurriendo a la innovación tecnológica para enfrentar la pandemia, lo cual es de vital importancia, pero esto parece ser desalentador para enfrentar las problemáticas descritas, pues se está buscando una solución inmediata para eliminar el virus y en ningún momento se ha planteado un cambio radical en las actividades productivas y mucho menos en el estilo de vida de las personas, en relación con los vínculos que tienen con el medio ambiente.

A nivel mundial se ha dicho que una vez superada la crisis sanitaria se dará inicio a una nueva normalidad, pero el adjetivo que hace alusión a una novedad está presente únicamente en la resignificación de la interacción social; es decir, se orienta hacia las convenciones sociales que establecen las reglas de convivencia: el saludo, las expresiones de afecto, la participación en actividades lúdicas o cuestiones de higiene personal y colectiva. La nueva normalidad de la que se habla a nivel mundial deja intactas las estructuras económicas, políticas y sociales que sostienen la economía capitalista, por lo menos eso se aprecia hasta el momento.

Por otra parte, en los informes de algunas organizaciones mundiales que establecen diagnósticos y recomendaciones para orientar la economía hacia la recuperación después de la crisis sanitaria, no se advierte una tendencia clara de que la nueva normalidad se conduzca hacia un mecanismo económico diferente del capitalismo; sin embargo, debe reconocerse que existen una serie de informes, como los de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, en los cuales se observa una agudización de los problemas sociales y ambientales en ausencia de un manejo multidimensional de la crisis sanitaria.

En la misma orientación, Gita Gopinath (2020), consejera económica y directora del Departamento de Estudios del Fondo Monetario Internacional, considera como una verdadera calamidad la caída del crecimiento económico que produjo y producirá la pandemia de COVID-19, pues para ella el decrecimiento no representa una oportunidad para resolver los gran- des problemas que aquejan a la humanidad, y en cierto sentido es entendible si no se tiene una alternativa a la cual recurrir. De acuerdo con su visión, la me- jor solución para hacerle frente a la crisis económica que se avecina no es transformar las actividades productivas, sino apoyar a las empresas para que administren el desempleo y la productividad.

Cuestionar de manera analítica y crítica el manejo de la crisis sanitaria y la nueva normalidad es un ejercicio que vale la pena hacer, porque nos permite bosquejar el tipo de sociedad y medio ambiente que deseamos de manera individual y colectiva, pero, sobre todo, porque hoy se presenta la oportunidad de transformar radicalmente nuestra realidad a favor de la vida. Por lo tanto, es necesario considerar, al igual que Eugenio Fernández (2020a), que una vez superada la pandemia se deben hacer cambios estructurales en la economía para redistribuir de manera más equitativa el capital, restaurar los ecosistemas y reverdecer el planeta, ya que “la crisis detonada por el coronavirus abre una puerta para tomar un camino diferente fuera del capitalismo y construir una nueva relación con el entorno natural” (Fernández, 2020b).

La presente reflexión omite la formulación de una propuesta para construir una nueva dinámica económica, ya que para hacerlo se requiere de extenderse en el tema y, por ende, del uso de otras herramientas analíticas. Pese a ello, se debe señalar que existen alternativas de dinámicas económicas no capitalistas viables, que han sido el fruto de años intensos de lucha y resistencia. Un ejemplo de ellas son las comunidades indígenas y campesinas que se encuentran dispersas en distintas regiones de México, las cuales han construido autonomías que les han permitido hacerle frente a la devastación ambiental y la degradación social, a través de la conservación de una cosmovisión ancestral que los hace uno con el sistema planetario.

Las dinámicas económicas opuestas al capitalismo se han pensado desde afuera de la economía convencional, tal como lo hace la Economía Ecológica Radical, la cual “nació como un campo interdisciplinario que estudia las relaciones de intercambio orgánico (materia y energía) entre las y los seres humanos organizados en sociedad y el ambiente natural en el que vivimos y del que formamos parte” (Barkin, 2017: 90). La Economía Ecológica Radical propone una epistemología, una teoría y una metodología que están fuera de la ciencia económica ortodoxa, pues se trata de una respuesta combativa y transformadora de la dinámica económica capitalista.

Finalmente, se concluye esta breve reflexión invitando al lector a ser un agente activo del cambio y no sólo un espectador o un divulgador de ideas. La transformación que tanto anhela la humanidad, para llegar a ser libre de las ataduras que le ha impuesto el capitalismo, y que es necesaria para frenar la catástrofe climática y la crisis civilizatoria, no vendrá de las grandes corporaciones, tampoco de los gobiernos y su clase política; mucho menos del gremio de científicos que siguen produciendo soluciones a favor del capitalismo y han olvidado que la ciencia es un instrumento que se construye con y para la sociedad. Esa es una labor que únicamente florecerá en la colectividad que viene desde abajo. Pensar en el papel que desempeñamos dentro de la sociedad nos ofrece un abanico de posibilidades para incidir favorablemente sobre la economía, la política, la sociedad y el medio ambiente. La consciencia ecosocial no se adquiere de un día para otro, se trabaja y se construye en la reflexión de los aconteceres cotidianos, y desemboca en la praxis cuando se comprende que la inacción y la apatía son los mejores aliados de las grandes calamidades.

Recordemos que la crisis sanitaria provocada por el virus SARS-COV-2 pasará, y aunque no será irreversible, nos brinda una oportunidad para mejorar nuestro vínculo con la naturaleza y el medio ambiente.


[1] Estudiante del programa de posgrado Maestría y Doctorado en Ciencias Económicas, Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco. Contacto: cesar.mirafuentesuamx@gmail.com

[2] De acuerdo con el Comité Internacional de Taxonomía de Virus este es el nombre científico del virus, mientras que, la enfermedad que produce se denomina COVID-19, asevera la Organización Mundial de la Salud.

Referencias

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____________ 2020b. “La pandemia como oportunidad”, en Este país. Disponible en: https:// estepais.com/tendencias_y_opiniones/la- pandemia-comooportunidad/fbclid=IwAR0HyXg6qfvxJ_p0VxLqa8BMLqOmc2VhExVSLrym UJF_91VqheCakopk HQ.

Gopinath, G. 2020. “El Gran Confinamiento:
La peor desaceleración económica desde la Gran Depresión”, en Blog Diálogo a Fondo. Disponible en: https://blog-dialogoafondo.imf. org/?p=13190.

Mastrangelo m. y m. G. Ruiz. 2020. “Cinco formas en las que transformando el ambiente crea- mos una pandemia”, en La vaca. Disponible en: https://www.lavaca.org/notas/cinco-formas-en- las-que-transformando-el-ambiente-creamos- una-pandemia/.

Riechmann, J. 2020. “La crisis del coronavirus y nuestros tres niveles de negación”, en García F. (ed.), Capitalismo y pandemia. Editorial Filosofía Libre. Disponible en: https://laertiana.files.wordpress.com/2020/04/capitalismo-y-pandemia1. pdf.

__________ (2012). El socialismo puede llegar sólo en bicicleta. Ensayos ecosocialistas. Madrid. Los libros de la Catarata.

Rifkin, J. 2020. “Estamos ante la amenaza de una extinción y la gente ni siquiera lo sabe”, en bbc News Mundo. Disponible en: https://www.bbc. com/mundo/noticias-internacional-52411543.

Wallerstein, I. 1988. El capitalismo histórico. México. Siglo XXI Editores.

Barkin, D. 2017. “La Economía Ecológica desde abajo”, en Azamar A., Escobar D. y S. Peniche (eds.), Perspectivas de la economía ecológica
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