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Roles, estereotipos y violencia de género

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Reportera: Guadalupe Ochoa Aranda

“La diversidad sexual y de género, también conocida como diversidad sexogenérica, hace referencia a todas las posibilidades que tienen las personas de asumir, expresar y vivir su sexualidad, así como de adoptar expresiones, preferencias u orientaciones e identidades sexuales”, afirmó la maestra Maricruz Gómez López, asesora técnica de la Unidad de Prevención de Género (UPAVIG) al impartir la charla de nombre “Roles, Estereotipos y Violencia de Género”, en el marco de las #JornadasUPAVIG25N, por una Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Xochimilco libre de violencia.

A lo largo de su exposición, explicó que en todas las sociedades humanas se han manifestado ciertos roles diferenciados que restringen e idealizan las aptitudes y capacidades de cada género: femenino-masculino; sin embargo, la diversidad sexogenérica presente en nuestras sociedades, va dejando atrás al mundo binario mujer-hombre construido social y culturalmente desde hace siglos.

Aquellas personas que no cumplen con estos requisitos de comportamiento eran –y aún– son vistos como “raros, rares o raras”, y de no apegarse a estas reglas sociales son objeto de sanción social o advertencias para que cambien sus conductas al sexo que le corresponde.  Todas estas concepciones y estereotipos son parte de ideas preconcebidas y creencias que pueden desencadenar actos de discriminación, agresión o violencia de género.

Así, los roles femeninos y masculinos y los estereotipos construidos socialmente se transmiten en edades muy tempranas, mediante atributos: colores (rosa-azul), vestimenta o juegos (muñecas-fútbol) que recaen arbitrariamente sobre las personas para regular sus formas de sentir, ser y hablar.

La especialista señaló que estos roles aparecen a partir de la división sexual del trabajo, cuando se establecen los roles mediante tareas específicas para cada sexo, como es el cuidado del hogar y crianza de los (as) hijos (as) para las mujeres y, para los hombres, actividades asociadas al intelecto y a la fuerza física.

Explicó que las teóricas feministas fueron las primeras en poner en entredicho estas funciones que van desde las actividades profesionales propias para las mujeres hasta las condiciones de subordinación y opresión tanto en el hogar como en lo laboral, así como otros aspectos sustentados por las diferencias biológicas de hombres y mujeres. Desde la década de los 70, dijo, “con las luchas feministas, una de las demandas ha sido y es la violencia hacia las mujeres y sus roles en una sociedad donde se privilegia lo masculino”. 

Añadió que “desde esta posición feminista se sostiene que el patriarcado es un sistema de dominio institucionalizado que mantiene la subordinación e invisibilización de las mujeres”. Estos roles de género producen desigualdad y provocan violencia. Si bien existen diferencias anatómicas hombre-mujer, éstas no hacen superior o inferior a una persona.

En nuestro país, la violencia contra las mujeres ha sido un tema abanderado por las activistas y colectivas feministas, y gracias a sus acciones se ha podido visibilizar a la mujer en todos sus ámbitos de acción, así como cambiar desde lo jurídico su derecho sobre su propio cuerpo y aprobar leyes contra sus agresores, concluyó. 

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