Cauce

Publicación bimestral de la Coordinación de Extensión Universitaria

Letras en línea

Las flores se marchitan en las casas

Letras en línea

José Arturo Abad Huerta
Licenciatura en Humanidades (Movilidad en la Licenciatura de Comunicación Social)
División de Ciencias Sociales y Humanidades (DCSH)


Sacaba los dedos después de rozar sus entrañas. Vivía con un afán de bajar la
tripa, la talla. Me contó que no era bonito observar su bilis, pero que le motivaba lo
poco que le faltaba para la “operación bikini”. Su sueño era ir a las playas de Cancún,
mostrar un cuerpo despampanante y llamar la atención de algún chico fornido,
bronceado y con buenos sentimientos.

Imágenes: Archivos Canvas

Quería entrar en vaqueros más ajustados, subir a la báscula y observar que pesaba
mucho menos. Me mentía para su objetivo

–Cenaré luego –decía.

Tenía la estúpida idea de que si engordaba, moriría, y por eso solo bebía. Le temía a
la báscula, se pesaba de espaldas. Ponía un pie, luego otro. Con los ojos cerrados
esperaba alrededor de dos minutos para mirar la cifra que marcaba. No veía avances,
para sus ojos.

–Ya no puedo más, estoy harta.

El día de ayer, pasó por una tienda de espejos y vidriería. Mientras caminaba se
veía en cada uno de los espejos que se encontraban afuera. Al llegar al último, gritó:

–¡No, basta! ¡Mi cuerpo no adelgaza! ¡Mira cómo en todos me veo como una foca!

No supe como reaccionar. Solo la regañé por el espectáculo que brindó. Pensé que
eran rabietas de niña puberta y que se le pasaría con el transcurrir de los días.

Era un nuevo día. Preparaba el desayuno sin más y oí romperse un cristal. Pensé
que un coche había roto una botella en la calle o algo así, pero no. El ruido provenía
del cuarto de Lucía. Subí de inmediato, la puerta se encontraba cerrada. Toqué
desesperado al escuchar su llanto.Abre la puerta, soy tu padre ¿Todo bien?

–¡No tienes ni puta idea de cómo me siento!

–¿Cómo? No Lucía, yo te comprendo, abre la puerta

–¡Mi cuerpo es una cárcel! ¡Estoy gorda! ¡Vete!

–¡No Lucía! ¡Abre la puerta, no hagas tonterías!

–¡Vete! ¡Vete! ¡Vete!

Me fui, me faltaron huevos para derribar la puerta y enfrentarla, teníamos que
buscar una solución.

Ahora verla aquí, tirada, con un trozo de espejo clavado en la yugular, rodeada de sellos policiales y con forenses examinándola, me hace saber que ya no podrá ser así.

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