Cauce

Publicación bimestral de la Coordinación de Extensión Universitaria

Letras en línea

Paranoia

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Gibrán Trejo Rodríguez
División de Ciencias Sociales y Humanidades

Me tomó tiempo percatarme que el ruido que escuchaba en mi oído era un murmullo, pero antes de que pudiera descifrar que decía se detuvo, y dio paso al ya familiar zumbido que hace de mi oído su hogar cada noche antes de dormir, como la estática resultante de una transmisión que no logro entender.

El zumbido se apaga lentamente dando paso a la somnolencia y la calma de la noche. Son las tres de la mañana y estoy envuelto en sudor, a pesar de que es una noche muy fría, ¿acaso estaré enfermo de fiebre y lo he alucinado? Parece ser el caso.

Antes de intentar regresar a dormir, deslizo mi cobija a un lado y me siento lentamente en la orilla de mi cama. Mis ojos se ajustan cada vez más a la oscuridad. Veo el piso y me levanto. Necesito abrir mi ventana, aunque parece que la luz que entra por ella es casi nula; lo cual es curioso, porque podría jurar que antes, cuando abrí los ojos, había más luz.

Abro la ventana junto con la cortina y regreso a mi cama, mas no me cobijo, relajo los músculos y espero. No puedo dormir aún, la luz que entra ahora me parece demasiada. El reloj marca las 3:10 h, así que decido levantarme de nuevo a cerrar solo la cortina, esta vez sin esperar a que mis ojos se adapten puesto a veo perfectamente.

Avanzo hasta mi ventana, y antes de cerrar la cortina echo un largo vistazo a mi habitación. Exploro cada espacio, planeando y memorizando mi ruta para regresar a tientas a mi cama una que vez cierre la pesada cortina. Doy un respiro y la cierro.

Camino con cautela y llego sin problemas a la piecera de mi cama. Me acuesto e intento conciliar el sueño, casi lo logro, pero no puedo, ahora tengo una terrible sensación de que me observan. Abro los ojos, sé que todo está bien, miro alrededor con cuidado, pero a pesar de la poca luz no noto nada nuevo: el tocador, la puerta, mi piecera, la ventana…. creo que hay algo junto a ella, pero está muy oscuro para distinguirlo. ¿Esa pequeña sombra en la esquina inferior derecha siempre ha estado ahí? Seguro que la cortina se arrugó cuando cerré y ahora da ese efecto, parece que se mueve levemente, pero seguro es el viento, nada que temer. Sin embargo, mis cortinas son muy pesadas y no escucho que haya viento. ¡Tonterías! Es muy noche y mi mente me está jugando trucos, volveré a dormir.

Aun nada. Ahora escucho una silenciosa y pequeña respiración al otro lado del cuarto, pero cuando abro los ojos se detiene. Al menos la sombra en la ventana no se ha movido, aunque parece que creció, seguro es un efecto de la luz de la luna que viaja a través del cielo y con ella mueve también las sombras. En cuanto a la respiración, quizá la soñé.

Intento dormir una vez más… no y no puedo. Doy vueltas, pero no soporto esa sensación de ser observado. Escucho un sonido de madera demasiado largo para ser un simple crujido, así que abro los ojos. De nuevo todo parece en calma, salvo que uno de los cajones de mi tocador parece que ahora está abierto. Esta vez estoy seguro que eso no lo deje así, pero puedo explicarlo, seguro que el ruido de madera fue el cajón resbalándose debido a que lo deje mal puesto y, al contraerse… porque la madera hace eso en la noche, se abrió.

Muy bien, no lo puedo dejar así, debo acomodarlo, si no puede que se caiga con todo lo que guardoahí. Me levanto e intento cerrarlo, pero para mi sorpresa me cuesta hacerlo. Al fin lo logro, y esta vez puedo jurar que escuché un suspiro, pero ahora proveniente de mi cama.

Hago un giro rápido, no veo nada fuera de lo ordinario. Me toco la cabeza, aún tengo fiebre. Quiero cerrar la ventana, así que avanzo hasta ella, y cuando estoy a punto de llegar tengo esa horrible sensación mucho más fuerte. Volteo hacia la otra esquina de mi habitación, y me parece que en el rescoldo más oscuro hay una sombra, como si hubiera algo. Intento enfocar mi mirada en ese punto.

La ventana se azota tras de mí y me hace saltar. Mi corazón palpita fuerte y rápido, un escalofrío recorre mi espalda al mismo tiempo que una gota de sudor cae por mi frente.

Aun así, volteo a ver, sé que el viento la cerró, no puede haber otra explicación.

Un momento, ¡la sombra junto a la ventana ya no está! Me paralizo, escucho pisadas suaves y secas acercándose por mi espalda y no quiero voltear, no esta vez. Se detienen y siento una respiración en mi nuca, que sólo puedo describir como vil, inhumana y demoniaca.

De pronto, escucho también muchas otras pisadas al fondo de mi habitación, como si hubiera más personas. La respiración se me acerca al oído, y estoy temblando tanto que me toma tiempo darme cuenta que me está murmurando algo, pero es muy tarde para escuchar, el murmullo se vuelve en un zumbido que se desvanece poco a poco.

Amanece.

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