Publicación bimestral de la Coordinación de Extensión Universitaria

Boletin Cauce

Las IES en riesgo de quedar fuera de la realidad laboral

La microcredencialización está revolucionando el modelo de la educación superior; frente a 264 millones de estudiantes universitarios, 300 millones de personas están tomando cursos que imparten docentes universitarios a través de plataformas privadas. El modelo de mercado no público de las microcredenciales hacia finales de la década, se estima en casi 300 mil millones de dólares.

Lo anterior lo refirió el doctor Carlos Iván Moreno Arellano, director general de Educación Superior Universitaria e Intercultural, de la Secretaría de Educación Pública del gobierno de México, quien impartió una conferencia en la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana.

El doctor en Políticas Públicas explicó que el tema, que ya forma parte de las políticas públicas del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, se enmarca en al menos dos de los objetivos del Programa Nacional de Educación Superior (PRONES) 2026-2030, publicado el 14 de abril: la promoción de la educación superior abierta, flexible y para toda la vida, y la consolidación de un sistema articulado e innovador.

La visión de la Secretaría de Educación Pública de este esquema modular en construcción es la de contribuir como un mecanismo complementario, hasta compensatorio de inclusión, a través del reconocimiento de los saberes adquiridos completos o incompletos dentro o fuera de la universidad, validando las trayectorias diversas y reconociendo a través de alguna institución universitaria, a quienes no tuvieron la fortuna de licenciarse; explicó el investigador en gestión universitaria

De acuerdo con la explicación del funcionario, la microcredencial genérica certifica que una persona ha adquirido y demostrado aprendizajes, habilidades y competencias específicas que se tienen que definir claramente por un proveedor confiable y basarse en experiencias formativas con estándares evaluables y verificables.

La principal innovación es el reconocimiento con validez oficial otorgado única y exclusivamente por una institución de educación superior que, bajo las reglas propias institucionales en el marco de su autonomía, acredita conocimientos, destrezas y capacidades específicas adquiridas en empresas formativas de corta duración; estándares evaluables que pueden reconocer aprendizajes previos y con valor propio y que pueden ser equivalentes a unidades de un plan de estudios, sostuvo Moreno Arellano.

El colaborador y analista en medios como Milenio y Nexos dejó clara la oportunidad de la microcredencialización, en un momento de crisis global de las instituciones de educación superior y un cambio estructural profundo que atraviesan ámbitos como la pérdida del prestigio social, la caída demográfica, la reducción de la matrícula, la escasez de financiamiento, la disrupción tecnológica y la pérdida del respaldo social; esto último sobre todo en las universidades de élite. Improntas a las que responden los gobiernos con recortes presupuestales, amenazas a la autonomía institucional y a libertad de cátedra; y se suman la deserción escolar, las asimetrías de subsistemas y la necesidad de una transición organizacional hacia la gobernanza.

 En esta perspectiva, México se enfrenta a la baja cobertura educativa, 47 %, frente a 60% de la cifra universal registrada; alcanzarla implica incorporar poco más de un millón de nuevos estudiantes en los sistemas educativos públicos y privados; esto es posible, sostuvo optimista, si continúa la tendencia de crecimiento que tuvimos en los últimos dos años en los que se sumaron 367 000 nuevos espacios educativos, de los cuales 245 000 están en universidades públicas y cerca de 122 000 en universidades particulares.

En cuanto a la deserción escolar, tres de cada diez jóvenes abandonan los estudios durante el primer año, una cifra que en los últimos tres años asciende a tres millones de jóvenes. En ello hay una responsabilidad compartida entre gobiernos y universidades, pues la mayoría de las veces la deserción es por causas pedagógicas que tienen que ver con el rigor cuantitativo e inflexible de la institución, la ausencia de apoyos emocionales y de orientación, y los planes de estudio extensos lejanos de la realidad, sostuvo el editor general de la revista Educación superior y sociedad de la UNESCO.

Existe una tendencia mundial a la reducción per cápita por nivel educativo, pues aun cuando el nivel superior es el más redituable, la disminución del ingreso es notoria. En el año 2016, precisó, el ingreso de los profesionistas con posgrado era 12 veces mayor que el de los graduados de primaria. Para 2022 esta percepción decreció seis veces y para 2024 fue cinco veces menor. Este fenómeno orilla a los jóvenes a cuestionar si vale la pena la inversión de tiempo y dinero para cursar una carrera universitaria.

El especialista en gobernanza universitaria indicó que de 5.5 millones de matriculados, cerca del 50 % están inscritos en las áreas de corte tradicional Administración, Contaduría, Derecho, Psicología- y 3.5% en áreas del ámbito tecnológico, es decir, 31 000 están en Física, Matemáticas y Actuaría, fundamentales para el tema de inteligencia artificial; estas licenciaturas se imparten únicamente en cinco universidades públicas del país.

Esta tendencia sostenida por lo menos los últimos 15 años, diferente en otros países como Estados Unidos, donde se vive la llamada crisis de las humanidades, contra el crecimiento de las áreas STEM (ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas), es quizá un indicador de que nuestro sistema de orientación vocacional no ha sido exitoso.

Las estimaciones predicen la desaparición de 92 millones de empleos y el surgimiento de 170 millones con características acordes a lo que estudian las nuevas generaciones. 60 % de las personas deberán recapacitarse, reaprender y desaprender, ya que 70 % de las tareas se van a realizar a través de la inteligencia artificial o en interacción con los algoritmos.

En diez años se volverán obsoletas las habilidades generales de una profesión, y en cinco años las habilidades técnicas específicas de algunas profesiones. Las universidades nos estamos quedando fuera de esta realidad laboral al conceptualizar sólo para la empleabilidad olvidamos la necesidad de mejorar las capacidades y la dignificación para el trabajo.  Estamos en un proceso de cierto extravío entre empleabilidad y ciudadanía, expresó.