Reportera: Verónica Ordóñez Hernández
La presencia de Kenia Cuevas, mujer transgénero, activista de la comunidad LGBTI+ y defensora de los derechos humanos, en la Unidad Xochimilco, de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM-X), causó furor entre los cientos de jóvenes que se reunieron a escuchar su conferencia Tipificación del transfeminicidio en México.
En la visita realizada el lunes 8 de junio, el protocolo no fue lo único que se rompió, pues su historia de vida conmovió a quienes la ven como un símbolo de superación y resiliencia frente a la violencia que marca a las personas transgénero.

Con apenas nueve años, su abuela falleció y se quedó al cuidado de sus seis hermanos mayores, de quienes recibió violencia física y emocional a causa de su orientación sexual, de la que siempre fue consciente, pero que en ese momento no comprendía.
La violencia sistemática la obligó a salir de su casa y buscar el sustento, una necesidad que la acercó a la vida de las trabajadoras sexuales trans, con quienes encontró su identidad.

La dependencia a las drogas, una vida en situación de calle, el diagnóstico positivo del Virus de Inmunodeficiencia Humana a la edad de 13 años, 10 años privada de su libertad de manera injusta y sobrevivir a dos atentados, son los entornos que marcan la vida de Kenia, mismos en los que encontró la fortaleza y la motivación para capacitarse y hacer valer sus derechos y los de la comunidad.
El tiempo en el que estuvo privada de su libertad, casi de manera natural comenzó su lucha por los derechos de las personas transgénero diagnosticadas, quienes vivían en abandono social, institucional y familiar. En ese acompañamiento encontró su propio camino y otra perspectiva de la vida. Kenia fue absuelta y recuperó su libertad certificada como Promotora en Prevención de VIH.

Su activismo le permitió hacer valer el derecho a la identidad de más de 300 trabajadoras sexuales transgénero; movimiento que fue determinante para la aprobación en 2018 de un protocolo que reconoce su identidad.
El feminicidio de su amiga Paola Buenrostro y la frustración por la impunidad de su muerte, la motivó a prometer frente a su ataúd buscar justicia y hacer todo lo posible por modificar el sistema.

Hoy, dice Kenia, “no sé si estoy modificando el sistema, lo que sí sé, es que todos los días me despierto con la convicción de generar en las personas que me escuchan empatía y respeto hacia nosotras que nos toca vivir una vida de violencias y discriminaciones”.
Con esa convicción logró que la muerte de Paola se reconociera como el primer caso de transfeminicidio, un delito que fue tipificado el 28 de febrero de 2024, en el Estado de Nayarit. Fundó la Asociación Civil Casa de las Muñecas Tiresias y la primer Casa Hogar que lleva el nombre de Paola Buenrostro; primer albergue para mujeres trans en México que promueve la reinserción social, económica y laboral de las mujeres trans.

La columna vertebral de esta red de apoyo es la profesionalización académica que impulsa hasta el nivel licenciatura, acompañados de talleres de autonomía económica, culturales, deportivos, digitales, idiomas y todo lo que ayude a la deconstrucción de la violencia; este proceso lo acompaña con terapias psicoemocionales, grupales e individuales.
La activista explicó que la metodología en su conjunto permite planificar proyectos de vida a corto y mediano plazo, y transitar al ámbito laboral hacia alguna de las empresas que garantizan los derechos laborales y de identidad de las mujeres.

Su activismo trasciende a la vida, al recuperar los cuerpos de las mujeres a quienes reconoce como sus hermanas. Con este propósito construyó los mausoleos, únicos en el mundo y en la historia, en los que dignifica la identidad, hasta el momento, de 87 mujeres, colocando en la lápida el nombre con la que se reconocían en vida.
Señaló que “fueron días y noches las que tuvieron que pasar para encontrar las herramientas jurídicas que obligaran al reconocimiento de nuestros derechos, una lucha que se ha extendido al interior del país”.

“Han sido cambios importantes como el reconocimiento de la figura de la familia social y la Ley General de Víctimas, mismos que he podido impulsar desde el conocimiento de ámbitos como el legal, el teológico y el espiritual. A pesar de ellos, México ocupa el segundo lugar en asesinatos hacia la comunidad de la diversidad sexual, de los cuales, 83% son a mujeres trans, con una expectativa de vida promedio de 40 años”, explicó.
Dijo que “he aprendido que el mundo no se cambia de la noche a la mañana, lo que sí sé, es que la transformación se tiene que dar con educación, con amor, empatía y respeto a todas las posibilidades”. Por lo que motivó al estudiantado a continuar preparándose y, con su experiencia como ejemplo, dejar claro que la educación es el camino para la transformación.

Como jóvenes, dijo, “tienen muchas necesidades, pero también responsabilidades y, entre ellas, está la transformación del pensamiento en diversos temas, uno de ellos es el de la diversidad sexual, concientizarse y ofrecer acompañamiento que puede salvar la vida de alguien”.













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