Reportera: Isela Guerrero Osorio
En el marco del Módulo 8.o Trabajo y Organización Social, de la UAM Xochimilco, el Departamento de Relaciones Sociales, la Coordinación de la licenciatura en Sociología y el Área Académica de Estudios del Trabajo llevaron a cabo, en la Sala Isóptica D, la clase magistral “Precariedad y Diferenciación en el Trabajo Cultural: el Caso de la Ocupación de Tatuador”, impartida por el doctor Saúl Recinas López, posdoctorante del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

El también profesor de Sociología dio a conocer la historia de los tatuadores en la Ciudad de México, destacando los aspectos sociales, culturales y económicos que conformaron esta ocupación.
Señaló que tatuar es una práctica milenaria. Se sabe que tenía connotaciones religiosas en el antiguo Egipto, Grecia, Islas Polinesias, China y América. Para el siglo XIX, en Europa se le asoció a personas marginales, esclavos y marineros; sin embargo, en la actualidad se considera una moda sin diferenciar clases sociales en todo el mundo.

Desde la Sociología, se considera que las personas no necesariamente nacen con talento, sino que se desarrolla y se conjuga con una serie de condiciones sociales que pueden potenciar diferentes características. El profesor Recinas López consideró que el hecho de que existan tatuadores en zonas exclusivas y otros en los tianguis, rompe con la idea de que lo único que juega en la ocupación es quién tatúa mejor. Prevalece la manera en la que se concibe la estética, aseverando que ésta se relaciona con el estrato social y la percepción del mundo de cada persona.

Comentó que la formación del tatuador es informal, ya que no existen escuelas que avalen esta actividad como una profesión. Para ejercerla, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios autoriza a un tatuador trabajar en espacios públicos o estudios de tatuaje, presentando un documento que avale que tomó un curso de primeros auxilios, identificación personal y pagar la cuota de 6,500.00 pesos para extender, finalmente, un tarjetón que permite el ejercicio de la ocupación. “No le piden en absoluto demostrar que sabe tatuar”.
El proyecto del doctor Recinas López se centró en analizar el desarrollo del tatuador como ocupación durante el periodo de 1980 al 2000. En los años 80, el imaginario social lo asociaba con las pandillas y presos. Encontró que la actividad proliferó en los sectores populares de Tepito, Ecatepec, Neza y, posteriormente, en El Chopo como un acto de contracultura.

En las entrevistas realizadas por el profesor Recinas a tatuadores de aquellos años, coincidieron en decir que “no vivía de hacer tatuajes ni era bien vista la práctica de tatuarse, se tenía la idea que sólo se plasmaba un dibujo”. No se les llamaba tatuadores y vivieron una fuerte persecución policial.
Mencionó que los primeros tatuadores se vincularon a temas de contracultura, al rock y al punk, generando un tipo de estética diferente. “Los tatuadores de esa época no necesariamente sabían dibujar”, dijo.

Muchos de ellos calcaban un dibujo, ahora le llaman esténcil. Se empiezan a visualizar los primeros signos de distinción porque a más dibujos, tenían más opciones de tatuajes y prestigio; dibujos que no compartía con otros. Posteriormente, llegaron las primeras máquinas profesionales de Estados Unidos de Norte América y, quienes poseían una, perfeccionaban su técnica.
En los años 90, el primer estudio de tatuaje que se instaló en México fue en Plaza Galerías de las Estrellas, un centro comercial al norte de la Ciudad de México. Quien llegó a trabajar ahí, antes tatuó en sus casas o en la calle. El segundo estudio que se abrió se ubicó en Coyoacán, sobre la Avenida Miguel Ángel de Quevedo, se llamaba “Dermafilia” y era atendido por el Doctor Lacra, hijo del pintor oaxaqueño, Francisco Toledo. Es aquí cuando el tatuaje tomó un sentido de estatus debido al vínculo familiar que el Doctor Lacra tenía con una reconocida figura del arte.

Para el año 2000, llegó el boom y la masificación de los medios de comunicación. En la televisión aparecen músicos de bandas de rock, deportistas y personajes públicos mostrando sus tatuajes, los cuales se diversifican con la llegada de grafiteros expertos y artistas plásticos que multiplicaron las estéticas, gustos y se hicieron especializaciones. Se generó una estructura laboral con costos de comercialización que variaron de acuerdo al lugar, desde el estudio donde se establecieron tarifas onerosas por hacer la labor o el tianguis que era menos costoso.
El profesor Recinas López mencionó que en “el campo del tatuador” existen posiciones laborales diferenciadas, basado en la teoría de campos de Pierre Bourdieu. “Es la misma actividad en la que existe unespacio social estructurado con diversos agentes que compiten por recursos específicos, con diferencias marcadas por contextos, habilidades, espacios, necesidad de reconocimiento o recursos. Una ocupación que ha llegado a convertirse en una moda, en la que algunos ganan grandes sumas de dinero pero, se debe recordar que el tatuar, como ocupación, surgió como una manera emergente y contestataria de vivir”, reafirmó el doctor Recinas López.









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