Reportera: Verónica Ordoñez Hernández
En la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM-X), especialistas en Ciencias Sociales y Humanidades disertaron sobre las distintas expresiones de la utopía y su relevancia aspiracional para conformar una sociedad diferente.
Lo anterior ocurrió en el Primer Seminario Interinstitucional de Estudios Utópicos 2026, que convocó el área académica Espacio Social, Región y Organización Rural del Departamento de Relaciones Sociales de la UAM-X, en colaboración con el Instituto de Investigaciones Sociales, el Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales, y el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de las Universidad Nacional Autónoma de México.

Fue el doctor Francisco Héctor Chamorro, coordinador de Planeación, Vinculación y Fortalecimiento Académico, quien, en representación de la doctora María Angélica Buendía Espinosa, rectora de la Unidad, dio la bienvenida a los presentes en la Sala de Consejo de la Unidad. Un acto inaugural que estuvo acompañado por los doctores Roberto Escorcia Romo, secretario académico de la División de Ciencias Sociales y Humanidades (CSH), Alfonso León Pérez, jefe del Departamento de Relaciones Sociales (DRS), así como la doctora Araceli Mondragón González, profesora-investigadora del mismo departamento y promotora del seminario.
El seminario, realizado del 11 al 13 de febrero en formato híbrido, inició con la mesa titulada “Crítica y enfoque teórico desde los estudios utópicos”, en la que el académico en retiro Felipe Aguado Hernández expuso la importancia de construir una teoría de la utopía a partir del concepto acuñado por Tomás Moro, que los estudiosos reinterpretan y definen como “el lugar que no existe, pero que puede existir y que además debe existir”.

El teórico social, en su ponencia impartida vía remota, explicó que la utopía es diferente de la ideología. Con base en lo dicho por Paul Ricoeur, señaló que ambos conceptos se conciben como formas contrapuestas de formulación teórica y práctica de las ideas, la cultura y la visión de la sociedad, toda vez que la ideología pertenece al ámbito de los grupos sociales y cumple la función de sostenerlos, mientras que la utopía se desarrolla en el marco de los grupos sociales desfavorecidos que luchan por su mejora social.
Los proyectos utópicos se crean a partir de las aspiraciones de cada individuo, por lo que “forma parte de nuestra vida y nuestra sociedad como un difuso sistema de nervios” y, a pesar del escepticismo, varias utopías han sido posibles, por ejemplo, la abolición de la esclavitud, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el derecho universal a la educación gratuita, la posibilidad de volar y de viajar bajo el agua, entre muchas otras utopías que parecían imposibles para los antepasados.

De acuerdo con el filósofo e historiador, alcanzar una utopía interpela dos condiciones indisolublemente unidas: concebirla como un ideal pleno de persona y de sociedad, congruente con los derechos humanos, y el absoluto convencimiento en el “hacer”. Estas condiciones permiten formularla como imperativo ético que puede y debe realizarse. Es así que, en el plano social, la utopía funciona como regulador de las aspiraciones éticas, sociales y políticas de la humanidad.
Mencionó que el número de utopías, desde la propuesta de Moro hasta la modernidad, es amplio, al haberlas de tipo capitalistas, socialistas, monárquicas, anarquistas, ecológicas, feministas, de izquierda, de derecha, reformistas, de amor libre y muchas más; por lo que es inevitable establecer un corte y delimitar el concepto de forma plena a cualquier forma de expresarlo.

Indicó que fue Mumford quien demarcó tres tipos de utopías: de escape o de reconstrucción, cuando se trate de proyectos que afecten a la construcción lo más compleja y posible del ser humano; después habría que hablar de utopías parciales, y parautopías, ésta última determinada por cinco criterios aplicables a cualquier proyecto utópico.
Toda utopía arranca de la crítica de la sociedad establecida. 2) Elabora el diseño de una sociedad ideal donde los problemas estarían superados. 3) Su diseño incluye formas de organización política basada en la democracia directa participativa. 4) Establece formas de desarrollo de las personas. 5) Se acompaña de modos de vida, de medios de organización y actuación para conseguirla.

El ponente, proclamado protector de las luchas sociales y políticas, concluyó indicando que la dinámica propia de la utopía ha sobrepasado al individuo generando las condiciones para vivirla colectivamente; sin embargo, es necesario enfrentar los poderes sociales, económicos y políticos que la oprimen y, aunque el contexto actual suponga una imposibilidad para el cambio, la historia demuestra que estas etapas también se pueden superar; ese es, dijo, el sentido y la función de la utopía.
Asimismo, se escuchó la participación de la doctora Alma Delia Zamorano Rojas, profesora-investigadora de la Universidad Panamericana (UP) e integrante del grupo de Estudios de Género de la UP, al que pertenecen las doctoras María del Carmen Camacho Gómez y Claudia Ivett Romero Delgado, con quienes desarrolla la investigación Utopías educativas de género. Hacia pedagogías críticas y horizontes emancipadores en la era digital.

En la exposición vía remota, la doctora Zamorano Rojas, afirmó que la educación nunca ha sido neutra y que, en la era posdigital, esas desigualdades se profundizan, ya sea en las plataformas digitales y los algoritmos que operan en contextos marcados por las diferencias sociales, económicas y de género. Por lo que entender este fenómeno es un punto de partida clave para disputar futuros posibles y avanzar hacia la justicia social.
La doctora en Ciencias Políticas y Sociales, especialista de cultura audiovisual y cine, sostuvo que hablar de utopías educativas sugiere apropiarse de ellas como una herramienta crítica que permita ampliar el horizonte de lo posible para construir escenarios distintos, otras formas de enseñanza, de relaciones pedagógicas y de maneras de aprender; todos desde los estudios utópicos, desde la pedagogía crítica con enfoque de género y desde el feminismo latinoamericano, escenarios que en conjunto contribuyen a crear horizontes de emancipación que hacen posible el cambio.

Este enfoque, señaló, ofrece una manera distinta de entender la educación como espacio de creación; permite articular la teoría y la práctica sin una jerarquía rígida, y proporciona herramientas para pensar la educación como un espacio de construcción de escenarios justos y equitativos.
Las utopías educativas de género, advirtió la investigadora, no prometen soluciones inmediatas, pero sí despliegan lenguajes, prácticas y horizontes que ayudan a no resignarnos.
En la mesa “Tiempo dialógico, memoria y función utópica”, la doctora Araceli Mondragón González, presentó la ponencia La disputa por el tiempo social. Función Utópica y asincronías en la política contemporánea, desde la cual analizó la forma en que se relacionan las derechas con los anhelos, deseos y emociones de las personas, particularmente de las clases subalternas.

La estudiosa de teoría sociológica política y teoría sociológica urbana respaldó sus planteamientos en las teorías de Ernst Bloch, quien sostiene que la temporalidad es una construcción que implica una disputa por distintas clases sociales y modelos hegemónicos que ultiman formas sociales objetivas, expresadas en documentos, espacios y expresiones; subjetivas, que corresponden a las memorias, los deseos y la nostalgia; y simbólicas, que pertenecen al lenguaje y los imaginarios sociales.
Desde esta perspectiva, refirió que la disputa política por el tiempo social deja ver revueltas y revoluciones que se viven y perciben a partir de la aceleración del tiempo y de la idea de “recordar el futuro” como algo aún no realizado y que en el presente, este futuro, se conciben como agencias, es decir, como algo que los sujetos sienten que pueden incidir y cambiar en el presente.
Este hecho es lo que Ernst Bloch denomina la función utópica: una anticipación consciente, una esperanza inteligente que, en la acción social, impulsa una dinámica de cambio a partir de los elementos materiales de los que dispone el individuo para orientar una acción de cambio.








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